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Alcalde de San Sebastián de los Reyes

Ruido, mucho ruido

Ruido, mucho ruido

Narciso Romero Morro

viernes 19 de noviembre de 2021, 10:44h
Adapto como título de esta columna la célebre canción de Joaquín Sabina porque refleja clara y concisamente en tan solo tres palabras, los peligros que acechan al campo de la información y, muy concretamente, en el ámbito de la llamada comunicación política. Amenazas derivadas del uso de contenidos desvirtuados, de un determinado uso de las redes sociales con fines interesados, la polución de la verdad que produce la sistematización en la creación de noticias falsas y la filtración de contenidos manipulados.

Asumir cargos institucionales o simplemente hacer política conlleva consigo un grado de exposición pública. Quienes lo ejercemos debemos asumir como lógico y de buen grado ese escrutinio público al que nos sometemos prácticamente a diario. No en balde nadie nos obliga a ello y lo hacemos voluntariamente, como una decisión libre y personal, para mejorar la vida de los ciudadanos y como canalización de unas ideas o compromiso social.

Pero todo tiene límites que una vez que se superan nos llevan al campo de la ofensa, la calumnia, la mentira, la difamación y, lo que es peor y cada vez más habitual, a la siembra del odio.

Es un fenómeno que se produce en redes sociales, en noticias sin fundamento que se hacen circular masivamente o en la elaboración de informaciones que cogiendo un titular, se desarrollan y amplifican añadiendo contenidos erróneos o falsos y que más que crear un espacio para la información veraz y objetiva, nublan la visión del ciudadano, forman criterios equivocados y crispan a la sociedad. Afortunadamente no son la mayoría pero desgraciadamente se observa un continuo aumento en esta estrategia preconcebida y muchas veces orquestadas en despachos concretos.

El bulo, las fake news o las noticias engañosas no son un hecho nuevo pues siempre han existido pero el desarrollo de Internet y sus sofisticadas y numerosas aplicaciones y herramientas, han hecho que se eleven a categoría de fenómeno social. Este término es utilizado para conceptualizar. La divulgación de noticias falsas genera un peligroso círculo de desinformación y un circuito vicioso en que una mentira se replica miles de veces en cuestión de segundos.

Y cuando ello ocurre en un contexto de posverdad en que los hechos objetivos son menos importantes a la hora de modelar la opinión pública que las apelaciones a la emoción o a las creencias personales, nos encontramos ante un peligroso ataque a la nobleza de la actividad política o incluso a la reputación personal.

Como alcalde que quiere estar en permanente contacto con la ciudadanía y como político que quiere compartir con los administrados el día a día de su actividad, soy activo en redes y en generar e impulsar informaciones a la colectividad. Por ello, como otros tantos compañeros y compañeras, me veo sometido en demasiadas ocasiones, al efecto pernicioso y nocivo de este tipo de perversas estrategias.

No todo vale en política ni cualquier táctica es asumible. Detrás de cada representante público hay una persona, existe una familia, una sensibilidad y un contexto personal y humano. La mayoría de los políticos, la inmensísima mayoría, son personas honestas, íntegras y que como a todas las demás, también se las hiere o dañan cuando son diana del insulto, la falsedad o el cuestionamiento torticero e interesado de su actuación.

La información veraz y de calidad así como el derecho de los ciudadanos a informarse debidamente sufren el impacto de este fenómeno cada vez más nocivo y peligroso para las prácticas democráticas.


Frente a ello propongo hacer lecturas más sosegadas del caudal que nos suministran las nuevas tecnologías. No compartir todo aquello que nos llega sino solo lo que tenga una base sólida de verosimilitud y no albergue dudas de su certeza. Contrastar aquello que por su importancia nos interese profundizar. No entrar en el círculo de quienes informan con estrategias prefabricadas y diseñadas para un fin interesado y espúreo. Y por supuesto, eso siempre, mandar a la papelera de nuestra mente y al contenedor de lo viciado, cualquier contenido de odio. Porque este es tóxico, contamina, pudre y se extiende. Y esta sociedad y sus ciudadanos están por encima de esas mezquindades y miserias.

“Mucho, mucho ruido
Ruido de ventanas
Nidos de manzanas
Que se acaban por pudrir…”

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