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Luis López van Dam narra su experiencia en

miércoles 04 de junio de 2014, 13:55h

Ante la multitud de preguntas sobre el reality ‘Aventura en África’, he de decir que la realidad es mucho más dura de lo que el televidente y el público en general se pueda imaginar. Dormir a la intemperie, frío, calor, animales salvajes, insectos, hambre extrema y mucho más. Cómo sería de duro, que levantando un pesado tronco me rompí la columna (vértebra 12-D) y mis dos compañeros más fuertes abandonaron a la siguiente semana.

Nunca me pude imaginar que después de aquella aventura con Kiko en Kenia en1952 y que, pasados más de ¡50 años! La suerte se cruzase en mi vida, en forma de reality show de TV en España, en que me llamaron para participar como concursante con quince personas más en el programa ‘Aventura en África’ (la selva de los famosos). Ignoro por qué me llamaron, aunque al comprobar, en mi primera cita con el director del programa, que tenía en su mesa varios libros míos, así como revistas con mis artículos de aventuras y supervivencia, me imagino que ése fue el motivo, así como mi colaboración en todos los canales de TV y actuaciones con temas de fuerza o aventura.
He sido el participante de mayor edad que ha pasado por un programa de este tipo en el mundo. Una vez aterrizamos en Nairobi, un enorme camión nos trasladó a cientos de kilómetros, a Tsavo. El director tenía la idea de hacer el programa "más duro" jamás emitido por TV. Personalmente creo que se equivocó. Yo pensé que África, Tsavo, el territorio más salvaje de la tierra (como dijo la presentadora Paula Vázquez) era para que se transmitieran escenas de la fauna salvaje, las etnias, nuestras vidas en ese ambiente… pero lo que busca el televidente son discusiones, jaleos, amores entre concursantes... Los compañeros, salvo alguna rara excepción eran ¡un desastre! Congenié con uno del grupo, Juan Fox, simpático, culto y hombre de ciudad, que no aguantaba a nadie nada más que a mí. Nos hicimos compañeros inseparables, lo que molestó mucho al resto. Fox, me empezó a llamar ‘papuchi - van Dam’ y así fue aceptado por el grupo (foro de Internet).
Norma rígida del concurso era que no podíamos cambiarnos de ropa: una sola camisa, un solo pantalón, calcetines y un  juego de zapatillas y un sombrero ¡nada más! Para el día y para noche. Por el día se llegaba a los 40º y de madrugada, un frío enorme. No teníamos reloj, ni ninguna referencia del tiempo, sin ningún recipiente para comer (plato, vaso, cubiertos) realmente aventura y supervivencia extrema.
Para aprovechar esta ocasión, única en la vida, decidí junto a Fox, recorrer todos los días un itinerario distinto para buscar agua y comida y "olvidar" el concurso. Siempre nos acompañaba un cámara de TV con su ayudante y un ranger uniformado, negro con escopeta. Esta actuación nuestra, piense el lector que es irrepetible: primero porque está prohibido "andar" en plena selva (Tsavo) y segundo, el peligro que supone.
Fox y yo dormíamos en el suelo, con las estrellas por techo con un frío tremendo; nos cuidaba día y noche un ranger armado pero la seguridad era poco fiable. Bebimos agua de charcos con larvas de mosquitos. Perdí 11 Kg. y Fox, 9. Me mordió en la nuca, cuando dormía una enorme escolopendra de veinte centímetros. Otra noche, una gigantesca araña (amarilla y negra) la noté cuando me estaba subiendo por el pecho, que fue grabado por las cámaras nocturnas.
Una noche cuando estábamos dormidos, me despertó un ronquido tremendo y vi a ¡cinco metros! los dos leones más tremendos que había visto en mi vida, menos mal que el ranger también se percibió de los rugidos e hizo dos disparos al aire y las bestias desaparecieron en la espesura. Si el ranger no se hubiese despertado él o nosotros hubiésemos terminado nuestra actuación y la audiencia hubiese subido muchísimo.
En otra ocasión buscando agua, vimos a unos doscientos metros un grupo de elefantes tranquilamente pastando. Yo en plan de broma pegué unos saltos para llamarles la atención e inmediatamente el más cercano del grupo se puso nervioso, movió las orejas y trompa y se lanzó a gran velocidad hacia nosotros. Nuevamente el ranger cuando estaba la fiera a treinta metros disparó (al aire), el elefante paró en seco y se dio media vuelta como si nada hubiese pasado (fue grabado).
En otra ocasión Fox y yo en un largo recorrido con cuarenta grados de calor sofocante, me dijo Fox que quería descansar un rato en una especie de pradera yo me quedé de pie estudiando la situación y orientación cuando observé que una enorme serpiente cobra de unos dos metros y medio se dirige a donde estaba Fox. Como estaba prohibido hablar con el personal de la productora le hice una señal como pude al cámara para que grabase esa impresionante escena, una cobra pasando a veinte centímetros de la cara de Fox. No quise chillar por si Fox hacía un mal movimiento y la serpiente le mordiese, en el lugar que estábamos a más de trescientos kilómetros del campamento de la productora (y el médico). La mordedura hubiese sido mortal por necesidad. Pasó de largo lentamente y el cámara se dio cuenta cuando ya estaba a dos metros de Fox.
Una de las últimas noches, todos dormidos, incluso el joven ranger, cuando oí un rugido y vi a un enorme leopardo acercándose sigilosamente hacia el ranger ¡y este dormido!, rápidamente cogí una piedrecita y se la tiré al ranger que estaba a unos cinco metros. Hubo suerte, le di, se despertó, me miró, le señalé con la mano y disparó en segundos (al aire), el leopardo se vio sorprendido y salió corriendo y nosotros con un buen susto, pues si le ataca al ranger, quedamos a merced del leopardo.

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