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LA MORALEJA | HISTORIA URBANÍSTICA

La Solana y La Carrascosa, 10 años de polémicas: de las primeras viviendas a la torre de 47 metros
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La Solana y La Carrascosa, 10 años de polémicas: de las primeras viviendas a la torre de 47 metros

Desde 2016, La Carrascosa y La Solana han protagonizado una transformación radical del entorno de La Moraleja, con cambios urbanísticos, sentencias, nuevas viviendas, problemas de tráfico y una batalla por las infraestructuras.

Por Tomy Díaz-Valdés Durán
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domingo 16 de agosto de 2026, 19:03h
Actualizado el: 16/08/2026 19:25h
La Carrascosa y La Solana han cambiado por completo el entorno de La Moraleja en apenas diez años. La historia comenzó con las primeras viviendas en 2016 y continuó con cambios urbanísticos, sentencias, cuatro alcaldes, problemas de tráfico y una batalla por los accesos. Ahora, una torre de alta tensión de 47 metros vuelve a poner el foco sobre el desarrollo.

La historia de La Carrascosa y La Solana no empezó con la torre de alta tensión que hoy preocupa a los vecinos. Tampoco comenzó en 2018, cuando los tribunales empezaron a cuestionar algunas de las decisiones urbanísticas tomadas por el Ayuntamiento de Alcobendas.

En realidad, hay que remontarse a 2016.

Hace diez años, La Carrascosa todavía era un enorme ámbito de suelo situado al principio de Camino Ancho. Hoy es un nuevo barrio residencial, conectado físicamente con la expansión de La Solana de Valdebebas, en Madrid.

Entre ambos momentos han pasado cuatro alcaldes por Alcobendas, varios gobiernos municipales, diferentes partidos políticos, numerosos recursos judiciales y una larga lista de promesas sobre los accesos.

Y hay una advertencia política que hoy adquiere especial relevancia: Horacio Rico ya alertaba en 2017 de que no se podían construir más viviendas sin resolver antes los accesos y las infraestructuras.

2016: las primeras 80 viviendas

En octubre de 2016, La Tribuna de La Moraleja publicaba una noticia que hoy permite entender hasta qué punto ha cambiado el entorno.

El Ayuntamiento de Alcobendas había concedido la primera licencia para construir 80 viviendas unifamiliares en los terrenos conocidos como La Carrascosa.

El proyecto contemplaba inicialmente 210 viviendas en las parcelas situadas en el principio de Camino Ancho.

La actuación afectaba a unas 90 hectáreas y suponía, según la información publicada entonces, la primera ampliación de La Moraleja en aproximadamente dos décadas.

El alcalde era Ignacio García de Vinuesa, del Partido Popular.

La transformación residencial había comenzado.

Pero todavía faltaba el capítulo más polémico.

2017: el Ayuntamiento plantea 725 viviendas

En enero de 2017 se produjo el verdadero terremoto político.

El entonces concejal de Urbanismo, Ramón Cubián, informó de la intención del Ayuntamiento de cambiar el uso de los terrenos de La Carrascosa B.

La propuesta consistía en pasar de un uso terciario —oficinas y lofts— a residencial.

El proyecto contemplaba 725 viviendas en edificios de tres alturas, sobre una superficie de más de 92.000 metros cuadrados.

La reacción fue inmediata.

La Entidad de Conservación de La Moraleja reclamó que antes de recalificar los terrenos se resolvieran los accesos.

El argumento era sencillo: no tenía sentido añadir cientos de viviendas a una zona que ya tenía problemas de comunicación con el resto del municipio y con Madrid.

Y fue precisamente entonces cuando comenzó a adquirir protagonismo Horacio Rico.

Horacio Rico: la advertencia que se adelantó al problema

Horacio Rico, entonces portavoz de Ciudadanos en Alcobendas, se convirtió en uno de los políticos que más claramente vinculó desde el principio el crecimiento residencial con la necesidad de construir nuevas infraestructuras.

En febrero de 2017, Rico escribía en La Tribuna de La Moraleja sobre el encuentro del Gobierno municipal con los vecinos del Distrito Urbanizaciones.

Su posición era clara: Ciudadanos apoyaba la preocupación de la Entidad de Conservación por el deterioro de las calles provocado por las obras y, sobre todo, defendía que había que construir nuevos accesos al distrito antes de aumentar el número de viviendas.

No era todavía un problema de miles de vecinos.

Las casas ni siquiera estaban construidas.

Pero Rico ya planteaba exactamente el debate que continuaría durante los años siguientes.

El Pleno en el que La Carrascosa se convirtió en una batalla política

La discusión llegó también al Pleno municipal.

En el Pleno del 30 de enero de 2018, Horacio Rico aparece entre los concejales que participaron en la sesión en la que figuraba expresamente el expediente relativo al Plan Especial de la Parcela B de La Carrascosa.

La discusión política giraba alrededor de la transformación urbanística de los terrenos y de las consecuencias que tendría para la zona.

Ese debate resulta fundamental para entender la evolución posterior: mientras el Gobierno defendía la transformación de los terrenos, desde distintos sectores de la oposición y desde la Entidad de Conservación se reclamaba que las infraestructuras acompañaran al crecimiento.

La Carrascosa empezaba así a convertirse en mucho más que un proyecto inmobiliario.

Era ya una cuestión política de primer nivel en Alcobendas.

Los camiones llegaron antes que muchos vecinos

Mientras se discutía el futuro de las viviendas, las obras de la primera fase ya habían comenzado.

Y los problemas aparecieron incluso antes de que las familias se instalaran.

En julio de 2017, la Entidad de Conservación denunció los desperfectos provocados en calles de La Moraleja por el paso continuo de camiones de gran tonelaje hacia las obras de La Carrascosa.

Los principales daños se registraban en el Camino Viejo y el Camino Alto.

El Ayuntamiento llegó a habilitar un itinerario alternativo para los camiones, pero no todos podían utilizarlo.

La discusión adquiría una dimensión nueva:

¿Quién debía pagar los daños ocasionados por la construcción de un nuevo barrio?

La Entidad sostenía que no debía recaer sobre los vecinos de La Moraleja.

Rico vuelve a advertir: «Primero los accesos»

En febrero de 2017, Rico había hablado de los accesos.

En diciembre volvió a insistir.

En su artículo “Atascados”, publicado en La Tribuna, el portavoz de Ciudadanos criticaba que el Gobierno municipal siguiera apostando por grandes desarrollos urbanísticos.

Rico citaba expresamente La Carrascosa, Los Carriles y el Ecobulevar y lamentaba que, mientras se proyectaban nuevas viviendas, no se resolvieran los problemas cotidianos de los vecinos.

La frase tiene especial interés hoy porque el problema que señalaba no desapareció.

Simplemente cambió de tamaño.

2018: llegan los tribunales

En enero de 2018 llegó la primera gran sentencia.

El Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 5 de Madrid anuló la licencia concedida para construir 80 viviendas unifamiliares en Camino Ancho 2.

Las viviendas ya estaban en construcción.

El juzgado consideró contrario a derecho el Plan Especial de Mejora de la Ordenación Pormenorizada utilizado para modificar la ordenación de las parcelas.

La Entidad de Conservación había recurrido la actuación porque consideraba que una transformación urbanística de esa dimensión debía hacerse mediante una modificación del Plan General.

La noticia provocó una enorme incertidumbre entre los compradores.

Y obligó al Gobierno de García de Vinuesa a defender públicamente su actuación.

García de Vinuesa: «Los accesos están garantizados»

El entonces alcalde respondió a la polémica mediante una carta abierta.

García de Vinuesa recordaba que el cambio de uso de La Carrascosa A había sido aprobado en Pleno en 2012 sin votos en contra y defendía que el Ayuntamiento había actuado dentro de sus competencias.

Pero había otro asunto especialmente relevante.

Los accesos.

El alcalde defendía que los nuevos desarrollos tendrían conexiones directas con Valdebebas y que se estaba trabajando para resolver la movilidad.

El debate, por tanto, ya tenía dos caras:

legalidad urbanística e infraestructuras.

Horacio Rico: «Denuncia tras denuncia»

En mayo de 2018, Rico volvió a intervenir públicamente.

En su artículo “Denuncia tras denuncia”, criticó que el Ayuntamiento hubiera concedido licencias en La Carrascosa mientras seguía sin existir un nuevo Plan General.

Recordaba que ya se había producido una segunda sentencia contraria al Ayuntamiento y advertía de las posibles consecuencias económicas de los litigios.

Pero Rico volvía a colocar la movilidad en el centro:

antes de que la zona se saturase todavía más había que solucionar los accesos.

Visto desde 2026, aquella advertencia se convierte en uno de los elementos más interesantes de toda esta historia.

2019: cambia el alcalde

Las elecciones municipales cambiaron el escenario.

Después de doce años de Gobierno del PP, Ignacio García de Vinuesa dejó la Alcaldía.

Le sustituyó Rafael Sánchez Acera, del PSOE, al frente de un Gobierno de coalición con Ciudadanos.

La paradoja política era evidente.

Sánchez Acera había criticado desde la oposición determinados aspectos del crecimiento urbanístico.

Ahora tenía que gestionar las consecuencias de un desarrollo que ya estaba en marcha.

Uno de los primeros objetivos del nuevo Gobierno fue precisamente recomponer las relaciones con la Entidad de Conservación de La Moraleja y solucionar el conflicto de las nuevas viviendas de La Carrascosa.

El Ayuntamiento cambia de estrategia

El nuevo Ejecutivo se encontró además con una amenaza económica importante.

Los promotores y propietarios afectados podían reclamar indemnizaciones si el proyecto quedaba definitivamente bloqueado.

Por ello, el Ayuntamiento decidió tramitar un nuevo Plan Especial para intentar desbloquear el desarrollo.

Finalmente, el nuevo planeamiento permitió avanzar con el proyecto.

En 2020 los vecinos que habían adquirido viviendas pudieron volver a ocupar sus casas después de los problemas derivados de la situación judicial.

La Carrascosa empezaba a superar su primera gran crisis.

Pero todavía quedaba la segunda.

De la batalla urbanística a la batalla por el tráfico

Las casas comenzaron a llenarse.

Y con ellas llegaron los coches.

La pregunta que Horacio Rico había planteado en 2017 dejaba de ser una hipótesis.

Ahora había cientos de familias utilizando las mismas calles por las que anteriormente circulaban principalmente los residentes de La Moraleja.

El problema de los accesos adquirió así una nueva dimensión.

Y además había otro factor:

La Solana de Valdebebas.

La Solana aparece como la segunda gran pieza del puzzle

Al otro lado del límite municipal, Madrid preparaba el desarrollo de La Solana.

La zona está directamente vinculada con Valdebebas y con el crecimiento de Madrid hacia el norte.

La construcción de nuevas viviendas allí significaba que el tráfico futuro no iba a depender únicamente de La Carrascosa.

Ambos desarrollos iban a generar desplazamientos cruzados.

Por eso, desde Alcobendas se empezó a reclamar una solución conjunta con Madrid.

Aitor Retolaza hereda el problema

En 2021, Aitor Retolaza asumió la Alcaldía. La Carrascosa ya no era un proyecto inmobiliario. Era un barrio.

La prioridad pasó a ser dotarlo de servicios y resolver sus comunicaciones. La movilidad del Distrito Urbanizaciones se convirtió en una de las grandes cuestiones pendientes.

2022: la Justicia cierra una etapa

En 2022 llegó otro capítulo importante. El Tribunal Superior de Justicia de Madrid desestimó el recurso de la Entidad de Conservación de La Moraleja contra el Ayuntamiento.

El tribunal dio por buena la actuación urbanística que había permitido el desarrollo residencial.

La disputa llevaba entonces más de siete años.

La sentencia puso fin a una parte fundamental de la batalla jurídica, aunque las consecuencias políticas y vecinales continuarían.

2023: Rocío García toma el relevo

Las elecciones de 2023 volvieron a cambiar el Gobierno. Rocío García Alcántara, del Partido Popular, se convirtió en alcaldesa.

La nueva regidora recibió una La Carrascosa muy diferente a la de 2016. Ya había viviendas, Ya había vecinos, Ya había tráfico. Y también había una nueva realidad urbanística al otro lado del límite: La Solana.

La solución exigía coordinarse con Madrid.

Almeida y Carabante, nuevos protagonistas

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, y su delegado de Urbanismo, Borja Carabante, entraron en el debate.

La prioridad era crear nuevas conexiones entre los dos ámbitos y evitar que el tráfico generado por el crecimiento residencial terminara concentrándose en las calles interiores de La Moraleja.

La solución pasaba por conectar Camino de los Jardines con La Solana de Valdebebas y mejorar las salidas hacia las grandes vías.

La frontera municipal, una vez más, se convertía en el principal obstáculo.

2024-2025: La Solana empieza a cambiar el paisaje

Las obras de urbanización de La Solana dieron un nuevo impulso a la transformación.

El desarrollo contempla 1.393 viviendas, además de una importante superficie de zonas verdes.

Para los vecinos de La Carrascosa, esto significa dos cosas.

Más posibilidades de conexión con Madrid.

Pero también más tráfico potencial.

La historia vuelve a repetirse.

Más viviendas necesitan más carreteras.

Más carreteras requieren acuerdos entre administraciones.

Y esos acuerdos llevan años pendientes.

La oposición mantiene viva la polémica

El debate tampoco desapareció del Pleno municipal.

Representantes de la oposición, entre ellos Fernando Montenegro, de Vox, han reclamado soluciones para los accesos y han advertido del impacto que el crecimiento de La Carrascosa y La Solana puede tener sobre el tráfico de las Urbanizaciones.

La cuestión ya no es si se construirán las viviendas.

Eso está ocurriendo.

La cuestión es si las infraestructuras podrán absorber el crecimiento.

2026: la torre que vuelve a poner a La Carrascosa en el mapa (clic)

Y llegamos al último capítulo. Una torre de alta tensión de 47 metros se ha convertido en el nuevo foco de preocupación para los vecinos.

Algunas viviendas se encuentran, según las denuncias vecinales, a aproximadamente 30 metros de la infraestructura.

Los residentes reclaman que se estudie su traslado o el soterramiento del tendido.

La polémica vuelve a tener un componente administrativo especialmente complejo:

las viviendas están en Alcobendas, mientras que la infraestructura se encuentra en Madrid.

Una vez más, los vecinos dependen de decisiones que afectan a dos municipios.

Horacio Rico, el político que planteó la pregunta diez años antes

La trayectoria de Horacio Rico merece un capítulo propio porque sus intervenciones permiten reconstruir una preocupación que aparece desde el principio.

En 2017 advertía que había que resolver los accesos antes de aumentar las viviendas.

En 2018, cuando los tribunales empezaron a anular licencias, insistía en que había que solucionar la movilidad antes de que la zona se saturase.

Y en los debates municipales participó directamente en los expedientes relacionados con La Carrascosa. El acta del Pleno del 30 de enero de 2018 recoge su participación en la sesión en la que figuraba el Plan Especial de la parcela B.

Su posición política también evolucionó.

En 2019 dejó Ciudadanos y pasó a ser concejal no adscrito, mientras posteriormente inició una nueva etapa política con Contigo Alcobendas.

Pero su papel en la primera etapa de La Carrascosa quedó marcado por una idea muy concreta:

el crecimiento urbanístico tenía que ir acompañado de infraestructuras.

Diez años después, aquella discusión sigue abierta

La cronología permite entender la dimensión del problema.

2016: primeras licencias para 80 viviendas.

2017: el Ayuntamiento plantea 725 viviendas en La Carrascosa B y aparecen las primeras grandes protestas por accesos e infraestructuras.

2017: Horacio Rico reclama nuevos accesos antes de seguir aumentando las viviendas.

2018: llegan las primeras sentencias contra las licencias.

2019: cambia el Gobierno municipal.

2020: se desbloquea la situación de las viviendas.

2021: Aitor Retolaza hereda un barrio que ya necesita nuevas conexiones.

2022: el TSJM cierra una parte fundamental de la batalla judicial.

2023: Rocío García llega a la Alcaldía.

2024: Alcobendas y Madrid avanzan en la planificación de nuevas conexiones con La Solana.

2025: aumenta la presión para mejorar los accesos hacia la R-2 y Madrid.

2026: una torre de alta tensión de 47 metros vuelve a movilizar a los vecinos.

Una historia con cuatro alcaldes y muchos protagonistas

La Carrascosa y La Solana no son el resultado de una única decisión política.

Han pasado por diferentes gobiernos.

Ignacio García de Vinuesa impulsó y defendió la transformación durante la primera etapa.

Rafael Sánchez Acera heredó la batalla judicial y trató de desbloquearla desde el Gobierno municipal.

Aitor Retolaza afrontó la fase en la que la movilidad adquirió un protagonismo creciente.

Rocío García Alcántara gestiona ahora la consolidación del barrio y su conexión con Madrid.

Y junto a ellos aparecen Ramón Cubián, como responsable de Urbanismo durante la fase decisiva de 2017; Horacio Rico, desde Ciudadanos y posteriormente como concejal no adscrito; José Luis Martínez-Almeida y Borja Carabante, desde Madrid; y representantes de la oposición que han mantenido el debate sobre los accesos.

La pregunta que empezó en 2017 y llega hasta 2026

Hay una idea que atraviesa prácticamente toda la historia.

En 2017, cuando todavía se discutía si La Carrascosa B debía convertirse en residencial, Horacio Rico defendía que primero había que resolver los accesos.

En 2018, con las primeras viviendas ya en construcción, volvió a reclamar que se solucionara la movilidad.

En 2026, con La Carrascosa convertida en un barrio y La Solana avanzando, los vecinos siguen reclamando nuevas infraestructuras.

Y ahora se añade una nueva preocupación: la torre de alta tensión.

La cuestión de fondo sigue siendo la misma:

¿Se ha construido primero y se han buscado después las infraestructuras necesarias?

La respuesta a esa pregunta explica buena parte de los conflictos de los últimos diez años.

Porque la historia de La Carrascosa y La Solana no es solamente la historia de cómo se han construido nuevas viviendas.

Es la historia de cómo un rincón de La Moraleja ha pasado, en apenas una década, de ser un gran espacio pendiente de urbanizar a convertirse en uno de los nuevos polos residenciales del norte de Madrid.

Y también de cómo las carreteras, los accesos, los servicios y ahora las infraestructuras eléctricas han tenido que correr detrás de ese crecimiento.

La polémica, diez años después, sigue abierta.

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