“Sin embargo, siete años después, nadie puede creer que aquel PSOE sea el mismo partido que hoy gobierna. El contraste entre el discurso de entonces y la práctica actual es tan evidente que ha terminado por erosionar la credibilidad de una formación que históricamente se reivindicó como referente moral de la izquierda española.
Desde que Pedro Sánchez llegó al poder, la actitud del PSOE ante la corrupción ha cambiado de forma radical. Cuando los casos afectan a adversarios políticos, la exigencia es máxima y el tono implacable. Pero cuando las sospechas o escándalos rozan a dirigentes socialistas o a socios necesarios para sostener el Gobierno, se impone el silencio, el relativismo o el “mirar hacia otro lado”. La vara de medir ya no es la ética, sino la conveniencia.
Algo similar ocurre con otros principios que antes parecían innegociables. El rechazo frontal a la amnistía, defendido durante años como una línea roja constitucional, se transformó de la noche a la mañana en una “medida valiente y necesaria” cuando los votos independentistas se volvieron imprescindibles. No hubo autocrítica ni explicación profunda, solo un cambio de relato al servicio de la aritmética parlamentaria.
También el feminismo, bandera histórica del socialismo, parece aplicarse hoy de manera selectiva. El machismo es intolerable cuando lo protagoniza el rival político, pero se relativiza, se justifica o se silencia cuando el señalado pertenece al propio espacio ideológico. La coherencia vuelve a sacrificarse en el altar de la disciplina interna.
El giro respecto al veto a los herederos de ETA es otro de los ejemplos más claros de ruptura con la tradición socialista. El abandono de una posición histórica en contra de un pacto con Bildu ha dado paso a considerarlo como el partido más leal, más conveniente para los intereses de España. Pero las únicas críticas al transformismo de este PSOE no proceden del interior activo del partido, sino de antiguos dirigentes, históricos del socialismo o cargos cuyo futuro político ya no depende de Pedro Sánchez. Quienes siguen dentro y aspiran a continuar lo saben bien: disentir tiene un coste.
Por eso la pregunta resulta inevitable: ¿qué queda hoy del PSOE que justificó su llegada al poder en nombre de la ética y la coherencia? Quien vio al socialismo entonces, difícilmente reconoce al que gobierna ahora.
Todo el PSOE es corrupción. Han cambiado los principios por la nómina.”