Es profundamente irritante contemplar a un país enfrentado a una sucesión de graves problemas mientras quienes tienen la obligación de resolverlos se han tumbado plácidamente a la bartola, como si con ellos no fuera.
“España arde. Literalmente. Incendios devastadores amenazan pueblos, destruyen miles de hectáreas y ponen en riesgo vidas y bienes. Y a partir de ahora, sin protección del manto vegetal, las lluvias se transformarán en inundaciones.
Ceuta ha sido invadido desde nuestro país vecino, al que el gobierno tacha de amigo. Entraron 70.000 y la portavoz del gobierno no sabe cuántos se han quedado. Ceuta ha perdido su proverbial imagen de ciudad acogedora. Sus calles se han convertido en los de una ciudad devastada por una gran tragedia. Sus hospitales desbordados y el personal sanitario exhausto. Y los policías de refuerzo compartiendo un solo inodoro para 70.
La vivienda se ha convertido en una angustia para miles de familias y, especialmente, para una generación de jóvenes que no puede emanciparse, y que han perdido la esperanza en un futuro mejor.
La inflación vuelve a castigar los bolsillos. Una enorme mayoría silenciosa no sabe cómo afrontar los gastos más básicos. No saben cómo dar de comer a sus hijos.
Y, para completar el panorama, todo apunta a que tampoco tendremos nuevos Presupuestos Generales del Estado. El gobierno no dispondrá de partidas aprobadas para afrontar gravísimos problemas. Y cuando escribo estas líneas el presidente Sánchez sigue de vacaciones en La Mareta, con el dinero público. Y sus ministros desconectados.
Resulta difícil aceptar que cuando el país acumula problemas de esta magnitud, la imagen que proyecte su Gobierno sea precisamente la de un Ejecutivo ausente, más preocupado por sus vacaciones que por transmitir a los ciudadanos que está trabajando para encontrar soluciones. Gobernar no es administrar la agenda de Moncloa ni sobrevivir cada semana a una votación parlamentaria. Gobernar es asumir responsabilidades. Es estar donde están los problemas. Es tomar decisiones difíciles cuando las circunstancias lo exigen. Y ya lo creo que las circunstancias lo exigen.
Ante semejante panorama, la pregunta ya no es qué hará el Gobierno. La pregunta es qué tiene que ocurrir para que empiece a gobernar de verdad.
¿Cuántos incendios? ¿Cuántas familias sin vivienda? ¿Cuánto más tendrá que subir el coste de la vida? ¿Cuántos problemas migratorios deberán desbordar nuestra capacidad de respuesta?
España no necesita un Gobierno que aguante. Necesita un Gobierno que gobierne. Y si quienes tienen esa responsabilidad consideran que pueden marcharse durante semanas mientras el país afronta una situación extraordinariamente difícil, quizá deberían explicar a los ciudadanos algo muy sencillo: ¿en qué momento piensan volver a trabajar para España?
Porque los problemas no entienden de vacaciones. Y España tampoco puede permitirse que su Gobierno las entienda como su prioridad.”