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Aplaudamos… Alcobendas y Sanse
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Aplaudamos… Alcobendas y Sanse

El confinamiento está siendo muy duro para todos. Si cumplimos las normas, podemos decir que estamos a salvo del virus. Sin embargo, son muchas las personas que no tienen más remedio que atender a unas tareas que si no se hacen, nuestro país estaría en un caos.

sábado 18 de abril de 2020, 17:48h

En este amplio reportaje hemos querido recoger testimonios de personas de diferentes sectores de la población para conocer, a través de sus propias palabras, la razón de por qué no pueden estar parados y a lo que se exponen en ese que hacer diario.

El Gobierno, junto con las autoridades sanitarias y apoyados por las fuerzas del orden, no se cansan en repetir a la población que tiene que extremar al máximo la higiene y mantenerse lejos de las zonas de contagio del coronavirus, que no es otro que quedarse en casa, saliendo solo para poder cubrir las necesidades esenciales.

Sin embargo, hay colectivos que por trabajo están luchando contra el implacable virus, ya bien porque su labor profesional sea la de atender a enfermos y grupos de riesgo o porque de una forma altruista prestan su ayuda a los más débiles, como hacer la compra y llevársela a nuestro mayores.

En definitiva, héroes anónimos que pese a convertirse en una clara diana de la pandemia, salen a la calle día a día para salvar vidas o para que en la medida de lo posible, todos estemos más seguros y con las necesidades básicas cubiertas. Y todo ello, a pesar de los engaños o de las verdades veladas de un Gobierno que desde un principio le ha venido grande no, lo siguiente...

Pero este es otro capítulo, el de las responsabilidades, que debe y tiene que llegar.

Ahora es el tiempo de apoyar a médicos, enfermeras, celadores, limpiadoras, bomberos, camioneros, cuidadores de la tercera edad, residencias, policías, militares, cajeras, reponedores, taxistas, voluntarios… Y el resto, en casa aplaudiendo todos los días a las 8 a estos héroes, porque de ésta saldremos.

Nos llegan cifras, altas, muy altas, de estos héroes que, sin remedio, se han infectado y algunos han fallecido, por cumplir unos con su vocación y otros con una labor en muchos casos poco reconocida.

Los expertos dicen que nada será como antes cuando pase esta locura que nos ha caído por sorpresa. Pero no podemos olvidar ya nunca a estos héroes que han dado su vida por nosotros y a los que todavía la pueden dar, porque esto todavía no ha terminado.

Por lo tanto, paciencia, y quédate en casa para que todo lo negativo de estos meses no haya sido en vano.

Carmen, Policía Local de Alcobendas

“Como Policía Local estoy viviendo con la misión de preservar la seguridad ciudadana y vigilar el cumplimiento de los decretos emitidos por el Gobierno para la regulación del confinamiento. Está siendo muy duro compaginarlo con el día a día en casa, ya que nuestra prioridad es atender las necesidades de los colectivos más vulnerables y el apoyo al resto de servicios municipales. Son tareas que realizamos durante las 24 horas del día y los 365 días del año”.

P.B.G, Médico Residente Hospital de la Comunidad de Madrid.

“Soy médico residente de primer año de Medicina Familiar y Comunitaria. Durante el mes de marzo me correspondía rotar por cardiología, pero con la llegada de la pandemia se suspendieron las rotaciones y cada uno fue donde pensaba que sería más útil o necesario. Así acabé, desde el 16 de marzo, en una de las plantas que manejan exclusivamente pacientes positivos para Covid-19, pasando después a la Unidad de Ventilación Mecánica no Invasiva dentro del servicio de neumología.

Todo esto quiere decir que estoy viendo, a diario, los pacientes que son dados de alta de la UCI o que, por desgracia, son desestimados por UCI. La segunda implicación es que todos son enfermos muy delicados, que llegan con poca esperanza de recuperación y por los que, aún así, hacemos todo lo que está en nuestra mano, sabiendo que no tienen más horizonte que el que podamos conseguirles.

Mi opinión es que claramente no estábamos preparados. Miramos con soberbia a China y sus cifras, convencidos de que lo haríamos mejor sin siquiera despeinarnos. Y estamos viendo las consecuencias. Las medidas llegaron tarde y no han sido suficientes en casi ningún momento. Pero tampoco quiero repetir lo que ya sabemos todos.

Lo que más me preocupa es la factura emocional que esto se está cobrando en nosotros. Tenemos ahora mismo 14 camas a nuestro cargo, y todos los días fallecen pacientes, una media de 2-3 diarios, siendo reemplazados casi de inmediato por otros nuevos que consiguen salir de la UCI. Por fortuna, en mayor número, algunos se recuperan y consiguen pasar a planta convencional hasta que son dados de alta, pero las cifras no son sólo cifras. Y, al final, te quedas con lo peor. Te vas a casa y no paras de dar vueltas a si podrías haber hecho algo más. Y con pocas opciones de desconectar y despejarte con la cuarentena. Además, lo último que hacemos cada día antes de irnos del hospital, es llamar a los familiares y contarles la evolución que está siguiendo cada paciente.

Aun sin ver sus caras, simplemente por teléfono, se encoge el corazón con las conversaciones. Muchas veces acabamos llorando nosotros también, intentando que no se nos note en la voz, sabiendo que les estamos quitando la poca esperanza que tuvieran, porque no podemos permitirnos mentir sabiendo el probable desenlace. Como decía, todo esto va a casa con uno después, y es muy difícil apartarlo hasta el día siguiente.

Estoy convencido de que muchos sanitarios necesitarán apoyo psicológico una vez acabe todo esto. Por ahora, parece que nadie se quiebra, pero porque hay mucho por hacer y mucha gente de baja que se ha contagiado. Y dejarse sobrepasar por las emociones es un lujo que nadie se permite en estos momentos.

Para nosotros, lo más difícil vendrá después, cuando todo vuelva a la normalidad y todo esto quede en un recuerdo para la mayoría de la población. Pero nosotros recordaremos cada paciente que nos ha marcado, cada desenlace, tanto para bien, como para mal, y nos acompañará siempre. Sólo espero que nos marque de una forma positiva para nuestra labor futura, y no al contrario”.

Fernando. Protección Civil de Alcobendas.

"En la agrupación de voluntarios de Protección Civil de Alcobendas apoyamos en las tareas encomendadas a la Policía Local, así como a todas las administraciones públicas que realizan funciones relacionadas con la lucha contra la pandemia. Estamos repartiendo mascarillas, guantes y medios de protección por encargo de la Comunidad de Madrid en aquellos lugares en los que son necesarios."

Daniel. Policia Nacional.

"Al principio lo veíamos lejos, en China nada menos. Todos pensábamos que aquí sería imposible que llegara. Cuando llegó, todos pensábamos que iba a ser poco más que una gripe, que pocos iban a ser los desafortunados que fallecieran.

Hoy nadie duda que es más grave de lo que parecía y que hay que cumplir con las recomendaciones de los científicos y de las autoridades. Pese a la gravedad, todavía tenemos dificultad para conseguir equipos de protección, y es aquí donde os hablaré del componente humano, concretamente en mi turno de trabajo. Desde el subinspector hasta el policía recién llegado están la altura de las circunstancias. Todos hemos aportado algo.

Algunos teníamos guantes en casa. Otro le ha pedido a su madre, que sabe coser, que nos hiciera unas mascarillas para evitar contagiar a los compañeros si alguno fuera asintomático. Otros pudieron comprar en la farmacia geles desinfectantes y compraron una caja para el grupo. Otros llevaron productos caseros a base de agua y detergentes para desinfectar los coches, las llaves del vehículo policial, los equipos de transmisión, etc.

Y es que es de resaltar que en 24 horas pasan 6 personas diferentes por cada vehículo. Una vez limpios y protegidos nos disponemos a dar servicio a España y a sus ciudadanos. Cabe destacar que la gran mayoría de ellos están cumpliendo con el confinamiento y saliendo de sus casas para casos justificados. Aunque también he de decir que, cuando ves a una persona incumpliendo las medidas adoptadas por la autoridad, sientes incredulidad.

No puedes creer que haya gente irrespetuosa por la vida de los demás. Y es que, a día de hoy, son más de 12.000 las personas fallecidas. Y eso al que le haya cogido de cerca le tiene que doler cuando vea a una persona sentada en un banco tranquilamente y que cuando le pregunta el policía el motivo de por qué se encuentra allí responde que va a hacer la compra a la vez que saca de su bolsillo una bolsa de plástico.

Y llega el momento más esperado, el de agradecer a las 20:00 de la tarde la gran labor de todas esa personas que están en el frente de batalla, los sanitarios, pero también aplaudimos por el personal de supermercados, de medios de transportes, barrenderos, vigilantes de seguridad, mensajeros de paquetería, etc. Y por supuesto fuerzas y cuerpos de seguridad. Después, el policía es persona, tiene familia, y toca volver a casa.

En mi caso tengo a mi mujer embarazada y, por lo tanto, estamos extremando las precauciones, hasta el punto de dormir en habitaciones separadas. Y gracias a que disponemos de dos cuartos de baños y podemos no compartirlos, pero se hace muy difícil, ya que cuando vengo del trabajo, como el virus es invisible, hay que suponer que lo tenemos encima, en la ropa. No puedes relajarte y pensar ¡buah! este pantalón está limpio y me vale para mañana porque... ¿y si justo ese día algún compañero o ciudadano asintomático y positivo te habló cerca y portas el virus? Así que nada, hay que lavarlo.

Yo cuando entro en casa me descalzo y dejo las zapatillas tal cual me las haya quitado. Voy al baño, me quito toda la ropa con cuidado de no tocarme la cara y me meto en la ducha. Lo más tedioso cuando termino es volver a ponerme una mascarilla que tengo para casa, y es que como decía antes, el virus es invisible, ¿Y si ahora soy yo el portador y no tengo síntomas externos? ¿Y si ahora lo transmitido y contagio a mi mujer y mi futura hija? ¿Y el cargo que se me quedaría a mí si les pasara algo por mi culpa?

Por último, quiero terminar con una recomendación a esos ciudadanos que nos dan excusas increíbles para salir a la calle, decidles que llevo sin ver a mi familia desde antes del estado de alarma y que me podría inventar una excusa barata para poder ir a verles, pero tenemos que ser responsables. Solo impidiendo que se propague podremos acabar con el Covid."

¡ÁNIMO ESPAÑA!

Verónica. Sanitaria en tiempos de coronavirus.

"Hoy a los sanitarios nos llaman Héroes por hacer lo que llevamos haciendo desde que decidimos esta profesión, cuidar de nuestros pacientes. En mi caso 11 años de experiencia. Cada día, a las 8 de la tarde, el pueblo sale a sus ventanas y nos aplauden con ganas, acompañado de la canción “ Resistiré” y los arcoíris pintados por los más pequeños que hacen emocionarnos cada día. Al llegar a casa, después de un turno Intenso de trabajo, doloroso de ver la situación de cada paciente, por sus familiares, y de miedo, porque los sanitarios estamos en primera línea de guerra, sabemos que muchos de nosotros nos estamos contagiando.

Y no es miedo por nosotros, es miedo por nuestra familia. Mi marido, al verme aparecer por casa, me aplaude, ya sea la hora que sea. Evito que se acerque a mí a menos de un metro. Mientras tanto, dejo todas mis pertenencias en la entrada, echo toda mi ropa a lavar y me voy directa a la ducha, procurando no tocar objetos de casa. Y después me dedico a desinfectar todo sin poder contarle las desgracias que mis propios ojos han podido ver para no preocuparle y mantenerle al margen de tanto dolor. Me preocupo por mi familia y mi familia se preocupa por mí, porque yo no me puedo quedar en casa”.

“Los turnos se hacen largos e intensos, que nos alegran cuando recibimos material de muchas empresas que están colaborando haciéndonos EPIS para que nos podamos proteger. Recibimos pizzas de Telepizza, bizcochos, recibimos los aplausos de la guardia civil cada día en la puerta del hospital. Eso es una pasada, nos emocionamos y lloramos porque lo que realmente queremos es que pase está pesadilla, de la que nos llaman Héroes, pero que nosotros nos sentimos profesionales del mundo sanitario. Continuamos haciendo lo que sabemos hacer, cuidar de todos los que nos necesitan, sea el problema de salud que tengan.

Yo, como sanitaria, estoy muy agradecida por todo este gran reconocimiento que estamos teniendo y esperamos que continúe. Nunca nos habíamos sentido así y nos entristece que por culpa de una pandemia que hace ver el número de muertes diarias, el resto del mundo se haya dado cuenta de que sin sanitarios, no podemos cuidar y, por ello no tener salud, que sin salud no hay vida, y sin vida no hay paseos, ni conciertos, ni partidos de fútbol, ni obras de teatro, ni quedadas con amigos, ni abrazos, ni besos a nuestros padres e hijos... Ojalá, esto sirva de aprendizaje y siempre os acordéis de nosotros, los que sin pedir nada a cambio sonreímos a pesar de que por culpa de un EPI no se vea nuestra sonrisa reflejada, a pesar del cansancio físico y mental, a pesar del miedo.

Esto no lo hace la vocación, esto lo hacen los años de experiencia y vivencias dentro de un hospital y las ganas de desempeñar la profesión que decidimos estudiar, porque hoy es COVID-19, pero mañana puede ser otro virus. Por ello, no olvidéis que los hospitales tienen alfombras rojas, aunque sean invisibles, y que juntos vamos a construir el arcoíris con el que soñamos en estos tiempos de coronavirus...”

Irantzu Alcaraz. Farmacéutica


La crisis del coronavirus ha puesto en pausa a parte del país con el confinamiento obligatorio de los trabajadores de las actividades no esenciales. Sin embargo, hay sectores que no tienen tregua durante estos duros días de pandemia, y uno de ellos es el farmacéutico. Las oficinas de farmacia viven con “preocupación y mucha inquietud” una situación en la que sus profesionales, como ocurre con los sanitarios, están viviendo una falta de protección y un cambio constante en las directrices conforme la situación avanza.

En este sentido, la farmacéutica Irantzu Alcaraz nos cuenta: “Un 80% de la población nos vamos a contagiar y es normal, por lo que tenemos que tener mucho cuidado con los más débiles, que son los que verdaderamente corren más riesgo”. Para continuar diciendo que, “en la oficina de farmacia somos el primer punto de contacto con la población. Ahora que los centros de salud y los hospitales están desbordados de trabajo, pues con más razón. Y estamos encantados de poder estar ayudando a la gente, resolviendo sus dudas y transmitiendo tranquilidad. Nosotros también somos profesionales sanitarios.

En cuanto a lo que pasará en el futuro lo tiene claro, porque el coronavirus ha llegado para quedarse. “Aprenderemos a convivir con él, al igual que convivimos con el virus de la gripe. Por suerte, toda esta situación que estamos viviendo ahora nos enseñará a poder vencerlo de una manera mucho más eficaz, porque ya lo conoceremos. Habrá vacunas y los médicos sabrán la mejor manera de tratarnos y los hospitales ya no estarán colapsados, como ocurre ahora, y no supondrá mayor problema”. Cambiará la forma en que nos relacionamos y, posiblemente, a partir de ahora todo el mundo llevará gel hidroalcohólico cuando esté fuera de casa” Añade.

Y como profesional sanitario nos da unas pautas básicas para todo aquel al que no le quede más remedio que salir de casa y de esta manera pueda evitar el contagio en la medida de lo posible:

  • 1º Lavarse las manos con frecuencia, lo mejor el agua y el jabón. Lavarlas a conciencia sin dejar ninguna zona sin lavar. Con los niños ayuda el cantar dos veces cumpleaños feliz mientras se las lavan para que lo hagan durante el tiempo suficiente.
  • 2º En caso de que uno esté fuera de casa y no pueda tener acceso a agua y jabón, utilizar frecuentemente un gel hidroalcohólico con al menos un 70% de concentración.
  • 3º NO RECOMIENDO EL USO DE GUANTES. En el guante se queda todo pegado y si no se saben usar correctamente puede ser más perjudicial que beneficioso. Mucho más recomendable utilizar el gel hidroalcohólico. Además, hay desabastecimiento de guantes, no van a encontrar.
  • 4º Utilizar mascarilla. Este punto es muy controvertido. La mascarilla no sólo evita que nos contagiemos, si no que además, si ya estamos contagiados evita que se lo peguemos al resto de la gente. Bajo mi punto de vista, la mascarilla SI ES NECESARIA.
  • 5º Mantener distancia de seguridad con las personas que podamos cruzarnos.

Miguel Ángel. Quiosquero en el Soto

Los quioscos de prensa siguen abiertos pese al estado de alarma decretado por el presidente del Gobierno para tratar de contener la propagación del virus COVID-19. Los quiosqueros están haciendo estos días una importante labor social, ya que la información se considera un bien fundamental, de primera necesidad.

Y es que el decreto que ha aprobado el Ejecutivo contempla en uno de sus artículos que “Los medios de comunicación social de titularidad pública y privada quedan obligados a la inserción de mensajes, anuncios y comunicaciones que las autoridades competentes delegadas, así como las administraciones autonómicas y locales, consideren necesario emitir”, por lo que ahora más que nunca la función de los medios de comunicación es vital; y la de los quiosqueros, como nexo de unión con los lectores, es esencial para hacer llegar las publicaciones impresas a los ciudadanos con la regularidad habitual.

Miguel Ángel lo está viviendo con mucho miedo, como casi todo el mundo, “por la inseguridad que tenemos, porque el problema es que no sabes dónde está el peligro, ya que puede estar en cualquier sitio”. Por otro lado, nos cuenta que la situación es muy complicada en cuanto a lo económico, “nos está afectando mucho, porque aunque estemos abiertos la gente no viene”. Además, “nosotros vivimos mucho de los colegios y estos cerraron enseguida. No hay niños, no hay profesores, no hay padres que vienen a traer a sus hijos... por lo que no estamos facturando prácticamente y los gastos son los mismos”.

Patricia Quiles. Profesora Colegio San Patricio

“Soy maestra de lengua, matemáticas y sociales en 3º de primaria. Desde que comenzó el confinamiento he estado trabajando desde casa. Preparo las clases, imparto las materias a mis alumnos que se conectan cada día y corrijo sus tareas. Mi colegio, San Patricio, ya tenía todo organizado y se anticiparon a esta situación. Para mi hija de 10 años es muy positivo seguir su rutina de aprendizaje, también atiendo a mi bebé de 8 meses y apenas tengo tiempo para mí. Pero es momento de ayudar a los demás. Las familias de nuestros alumnos son ahora la máxima prioridad”.

Roberto López, Conserje Calle Dalia

El trabajo de los conserjes es esencial para preservar el correcto funcionamiento de la vida en comunidad, por sus prestaciones en los servicios de limpieza, mantenimiento, reparación de averías y vigilancia. Y ahora más con el estado de alarma, donde la mayor parte de la población debe permanecer en sus viviendas, lo que determina la necesidad, más que nunca, de que los edificios o urbanizaciones estén perfectamente administrados para que todos los servicios necesarios para la vida de las personas en sus hogares estén permanentemente en perfecto estado de funcionamiento.

Esto hace también que sea un colectivo vulnerable. Para Roberto, lo que estamos viviendo es como si hubiera habido un tsunami ”está claro que es a nivel mundial y no sabemos cómo afrontarlo”. Para continuar comentado que le está afectando en su trabajo y a nivel familiar, “en primer lugar, no vienes a trabajar con la alegría de antes, no ves a los vecinos, no te relacionas y, además, siempre tienes el temor que lo puedas coger y llevarlo a casa”. “Además, el ser humano no estamos acostumbrados a vivir encerrados tantas horas y temo que en algunas casas se puedan llegar a puntos conflictivos”, señala. Para terminar diciendo que ve el futuro complicado, “a mí, ahora, me han reducido la jornada, aunque sigo haciendo lo mismo para que todo funcione”.

Sara. Trabajadora en el Aeropuerto.

“Buenas, mi nombre es Sara y trabajar en el aeropuerto ha sido una pelea constante hasta ahora que ya todo está más relajado. Sinceramente, mi vivencia ante toda esta situación es difícil de explicar, ya que, cuando empezó todo esto, ni siquiera sabíamos hasta dónde iba a llegar. Al principio era imposible saber las consecuencias y ni siquiera los jefes, ni nosotros mismos teníamos conciencia como para protegernos de todo lo que venía.

Cuando pasó el tiempo y el virus superó fronteras, empezamos a tomarnos en serio todo esto. Quizá demasiado tarde, ya que uno de los primeros y únicos sitios por los que se transmitía era vía aérea. Es decir, por nuestro lugar de trabajo. Cada día íbamos a trabajar sabiendo que en cualquier momento “el bicho pudiera cogernos”. Con pleno contacto con nuestros compañeros de trabajo y ellos con sus propias familias, hijos, abuelos, etc... volver a tu casa y lavar absolutamente todo para evitar contagiar a tu propia familia, y en algunos casos, como el mío, vivir sola y no tener ningún tipo de contacto (solo vía telefónica) para evitar peligros. Todos los días lo mismo. Hasta que llegó una de las peores noticias: el estado de alarma.

Pero en el aeropuerto no había ningún tipo de control. La forma de trabajar y las medidas tomadas han tenido que ser de cosecha propia o lo poco que podían conseguir las empresas para ofrecernos. En nuestro caso nos encargamos de llenar todas las máquinas de vending, ya que al estar todos los establecimientos cerrados y ser los únicos que no tenemos contacto con los clientes, podíamos mantener la alimentación en el aeropuerto.

Aparte, toda la gente indigente que puede vivir en el aeropuerto era un foco de infección que no podíamos evitar y, aunque han venido a darle soluciones y llevarles a centros sociales, ellos no estaban dispuestos y mientras lo intentaban, tendríamos que seguir trabajando junto a ellos. Pero no sólo ellos se encuentran allí. La gente que ha perdido vuelos, la gente a la que se le han cancelado en pleno aeropuerto, la gente que no puede viajar por retrasos, la gente a la que se le han cerrado fronteras…

Toda esa gente se va a pasar una noche o más dentro de un recinto que no está preparado para una situación como ésta. Sin saber si están contagiados o a la espera de sentir que no lo están, a la espera de que abran de nuevo las fronteras para seguir con sus vidas. La gente vive nerviosa, pero no se le puede pedir mucho cuando no pueden estar en sus casas con sus familias.

Demasiado bien se está portando. Así que nuestros sentimientos no se pueden comparar con un enfermero o un farmacéutico/a, pero el nivel de tensión sabiendo que el virus estaba en cualquier parte era bastante alto. Sobre todo sabiendo (reitero) que el virus en un aeropuerto con miles de personas era muy fácil de encontrar en el aire. Aún así, seguimos dando nuestros servicios lo mejor que podemos, sabiendo que hay gente que pasa muchas horas en un lugar donde no tienen donde dormir, ni lo que comer.

Salir de casa se convierte en nervios, pero nervios de volver y pensar que todo está como siempre. Que el lugar de trabajo, donde antes había miles de personas, ahora está vacío.

Por suerte, parece que el estado de alarma está haciendo efecto: menos gente, menos viajes y desinfección de terminales, pero esperamos que todo vuelva cuanto antes a la normalidad. Es triste ver que, dónde antes se veían besos de despedida o abrazos de reencuentros, ahora se ve soledad y distancia entre la gente. Sobre todo cuando nos toca a nosotros sufrirla. Ya queda menos para volver a la normalidad”.

Juan Antonio Bello. Trabajador de la Entidad de conservación del Soto

Otro de los colectivos más vulnerables estos días son las personas que continúan trabajando para que la calles, parques y jardines estén en perfecto estado. Por ello, el máximo respeto, porque en condiciones normales no es un trabajo fácil, ya que se tienen que adecuar a cada realidad diferente, determinada por factores como el tránsito de vehículos y frecuencia de uso y paso de personas, la actividad comercial o el hecho de que se trate de zonas de ocio o de recreo, entre otros.

Y ellos solo piden educación, porque la ciudad más limpia no es la que limpia más, sino la que ensucia menos, la que utiliza las papeleras. Para Juan, “lo estamos viviendo con preocupación, pero nosotros tenemos que trabajar haciendo limpieza y mantenimiento”. En cuanto a la reacción de los vecinos desde las ventanas y balcones, “no todos, pero muchos vecinos nos agradecen que sigamos teniendo sus calle limpias”. Aunque, denota cierta tristeza, “nos da pena el silencio que se vive ahora en las calle” y augura “que aún pasarán dos o tres meses hasta que esto se solucione” y al menos “un mes para que la gente pueda salir un poco” En cuanto al trabajo y la parte económica, “todo sigue igual, por lo que tenemos que dar las gracias a nuestro jefe, nos ha rebajado las horas de trabajo, pero no ha tocado nada el salario”. Además, Juan también está muy agradecido porque, “nos da todo lo que queramos para la protección, tanto en guantes como en mascarillas”

Isabel, Trabajadora Supermercado Alcobendas

“Por más que recomendamos que la gente se quede en casa, que haga compras grandes...Con algunas personas es inútil. Esta semana le he dado mi teléfono a 5 personas mayores con carro comprando alimentos básicos. Una de ellas volvió a bajar al día siguiente. Seguimos viendo parejas que bajan separados y chavales que se hacen fotografías en la chapa de las baldas. Colocar un palet de papel higiénico y ver como se los llevaban a pares ha sido muy duro. Te creaban una sensación de necesidad de compra de papel sin necesitarlo. Ver los estantes vacíos nos ha creado a muchos angustia de saber que cuando salías de tu turno tú no tenías para comprar...”

“Actualmente se repone mucho género y damos gracias por las medidas que han tomado con nosotros aún siendo tarde. Volver a casa sabiendo si traes o no contigo el "bicho" teniendo familia que te espera es muy duro, que por más que me duche y deje mi ropa a fuera donde no la puedan tocar mis hijos siempre piensas que algo has podido descuidar...la cara de miedo de mi pequeña cuando llego con la mascarilla puesta...Viendo cómo crecen los casos positivos y que ciertos clientes habituales siguen bajando a por el pan es muy angustioso...Piensas en algunas compras, que cada uno puede tener su situación, pero no consigues entenderlas en su totalidad. No es cansancio físico, sino el psicológico de la situación que vivimos diariamente en un supermercado. Me canso de leer cosas por las redes sociales...Y se dice que después de esto la mentalidad de la gente va a cambiar...Desgraciadamente no lo pienso. Sólo pienso en que los días que pasan mi abuela no se ponga mala y lo positivo de saber que tras esos días sin salir de casa sea más difícil su contagio”.

“No me puedo imaginar cómo debe de estar pasándolo la gente que trabaja en hospitales. Espero que estos días pasen rápido y volvamos a la normalidad, pero todo esto es sólo posible si todos nos lo tomásemos más en serio... Les pido que sean razonables con sus salidas y que piensen que las personas que tenemos que trabajar también podemos ser contagiadas y llevárnoslo a nuestras casas. Estoy segura de que esto pasará y espero que sirva de lección en futuras ocasiones, que quizá nosotros ya no volvamos a revivir.

Una vez me dijeron que cuando hacemos bien las cosas no nos lo tienen que decir, porque es así como las tenemos que hacer...Y es verdad que lo malo suele pesar más que lo bueno...Pero aquel primer día, al escuchar los aplausos de la gente que esperaba, nos llenó el corazón, nos pusieron un cartel en la tienda dándonos las gracias. Son muchas las personas que nos agradecen nuestro trabajo, muchísimas con las que personalmente se me saltan las lágrimas”.

Pablo Gutiérrez. Camionero autónomo

“Estamos cumpliendo con nuestro trabajo porque la sociedad nos necesita” dice uno de los muchos transportistas que están estos días acumulando muchas horas de trabajo. “Estamos haciendo todo lo posible para que no falte de nada en las estanterías de los supermercados. Nos está costando, pero lo estamos haciendo bien, por satisfacción personal y por dar servicio” asegura con una enorme sonrisa en la boca.

“Ahora no nos podemos achicar. No somos héroes, somos camioneros y hacemos nuestro trabajo”. Y es que el sector del transporte no se ha detenido en España durante la pandemia del coronavirus, más bien todo lo contrario. Cerca de 200.000 camiones pesados españoles continúan desarrollando su actividad tanto dentro de España como en el resto de países de la Unión Europea.

El sector de la alimentación ha mantenido sus operaciones e, incluso, las han incrementado para garantizar el abastecimiento, no solo en España, sino en toda Europa, donde se exportan frutas y verduras. A esta cifra hay que sumar los miles de vehículos ligeros de reparto que continúan prestando servicio de última milla y que también han visto incrementada su actividad, dado el auge del comercio online.

LA VENTANA DEL LECTOR

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José Angel. Conserje Calle Dalia

Hoy, me siento delante de este ordenador, para intentar contar mi experiencia con el COVID-19, este maldito virus que nos esta atacando de forma brutal por todo el planeta.

El día 18 de Marzo, acudí a mi centro de salud, con fuertes dolores de cabeza, dolor de garganta y me costaba respirar. La exploración recibida, he de reconocer, nunca antes la había recibido así. Se me exploro de arriba abajo, por lo que no tengo queja alguna del personal sanitario, la cosas como son. Me dieron la baja laboral y me indicaron que tenia que confinarme en casa, como mucha gente. En ese momento en lo único que pensaba, era en como hacer a partir de ese momento para si “tenía el bicho” y no contagiárselo a mi pareja, una persona con otras patologías distintas a este virus. Pues bien, me confine en una habitación y desde ella escribo.

Comenzó un seguimiento exhaustivo desde mi centro de salud diario, vuelvo a repetir que el trato recibido fue excelente. Pero no se en que momento todo se torcio, empezó a girarse y os paso a detallar:
El fin de semana del 20 al 22, fue terrible, la falta de aire, la tos que te partía el pecho, y la fiebre que iba y venía. Llamamos al 112 y después de una batería de preguntas, me recomiendan tomar el paracetamol y si me encontraba mejor, debía coger por mis propios medios e irme a un hospital. Fue mi primera sorpresa. Al final, aguante en casa, y continué con mi confinamiento.

El día 26, me llamaron para una llamada de control, una llamada sin más. Me hicieron la batería de preguntas y les pregunté por el test, exponiéndoles mi caso y el de mi pareja. Y la respuesta fue la siguiente: no tenemos test ni para nosotros, para ud lo tendría que pagar para hacerlo pero para ella, si tuviese síntomas no habría problema. Podeis imaginar mi sorpresa, aunque si ni tan siquiera los que están batallando en primera línea en esta guerra (personal sanitario, policías, bomberos, etc) tienen los malditos test, como lo vamos a tener el pueblo.

Han ido pasando los días, y la verdad que si noto la mejoría, lenta pero la noto.

En otra llamada de control, del viernes 3 de abril, viene otra sorpresa nueva. Me comentan que el día 26 se me tomó la saturación de oxigeno. Si desde el día 18 de Marzo NADIE, ha venido a mi domicilio ni yo he ido ni a un hospital ni a mi centro de salud, como es posible que aparezca en mi historia tal dato?

Y para ir concluyendo, ayer me dio por mirar el parte de baja, y apareció otra sorpresa mas. Si no hay ni se hacen test a los confinados en sus domicilios, como puede ser real la cifra que nos dan de forma diaria? Aquí saco mi conclusión, y con la que se cubren las espaldas:

Diagnostico: CONTACTO Y SOSPECHA DE EXPOSICIÓN A ENFERMEDADES TRANSMISIBLES.

No tengo ideología política ninguna, pienso que son todos iguales, sólo van a su propio interés. No entro en si esta un partido político u otro gobernando, pero cuanto menos es curioso, o al menos esa es mi opinión. No somos nada o simplemente un número, pero basta ya, basta ya de mentiras y datos falsos. Los españoles o compatriotas no merecemos esto.

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