No hay, en esencia, nadie que pueda ocupar el lugar de privilegio que Steve Jobs deja en Silicon Valley, la meca de la tecnología. Aparecerán imitadores pero no habrá réplicas, como recalca David Pogue en The New York Times. Dicho de otra forma, en palabras del inversor de capital riesgo Fred Wilson, con la muerte de Jobs se han perdido cosas pero se ha ganado una leyenda que inspirará a mucha gente en el futuro. El fundador de Apple deja un legado de éxito en uno de los sectores más boyantes -quizá el primero- de la economía mundial. Lega una compañía en su punto álgido con personas de gran talento que la guiarán hacia el futuro.
Aventurarse es arriesgado, pero no es probable que Apple pase apuros para repetir innovaciones y éxitos a lo largo de la próxima década, mucho menos con una gestión adecuada. Silicon Valley es hoy más que nunca el centro del desarrollo tecnológico mundial. No hay otra región de EEUU ni otro país del mundo que le haga sombra. En el valle han nacido y crecido compañías como Apple, Microsoft, Google, Facebook o Twitter. Ni siquiera los rivales asiáticos son capaces de acercarse a la competencia estadounidense si no es a través de acuerdos o tecnología desarrollada por dichas empresas, como es el caso de Samsung o HTC. No hay nadie que pueda ocupar el lugar de Jobs porque no existe otro consejero delegado con su entusiasmo, pasión por el trabajo, tinte dictatorial, nivel de autoexigencia y al mismo tiempo carisma y cercanía. Alguien capaz de exigir el producto perfecto un lunes, descartarlo la semana siguiente, mejorar un detalle entre tanto y por el camino llamar a un periodista para charlar sobre su último artículo.
Un trono vacío Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, estuvo cerca de Jobs durante sus últimos años de vida. Pero a sus 27 años carece del aura y el carisma que el fundador de Apple tenía a su edad. Suma otras grandes virtudes, como la pasión por el trabajo o su facilidad para la programación y para anticipar el futuro. Pero ahora mismo parece más preocupado por la competencia que por volver a la senda del futuro. ¿Qué haría Jobs en su lugar? Probablemente mirar mucho más allá de las redes sociales. Larry Page, fundador y ahora presidente ejecutivo de Google, apenas sale en la prensa, casi no se deja ver en público y resulta hermético. Su estrategia es totalmente distinta a la que siguió Jobs, lo que no quiere decir que no sea exitosa, pero es incomparable.