Hace honor a su fama. Nunca se ha matado trabajando y raro sería que ahora, cuando se le acaba la estancia en la Moncloa y ya no pinta casi nada ni el el PSOE, descubriera las virtudes de la laboriosidad, pero el momento exigía otra cosa. No que Zapatero se tirara a la bartola.
A diferencia del francés Nicolás Sarkozy, quien este 10 de agosto de 2011 reunió a su Gobierno en medio del pánico bursátil, o del italiano Silvio Berlusconi, que citó a empresarios y sindicatos para anunciarles fuertes recortes y convocar un Consejo de Ministros urgente para el día 18 «o antes», el Gobierno español sigue de vacaciones. En contraste con el norteamericano Barack Obama, que salió pitando hacia la Casa Blanca cuando los analistas de Standard&Poor retiraron a EEUU la calificación AAA, el presidente Zapatero ni se ha inmutado cuando se desplomaba la Bolsa española.
El líder socialista, inasequible al desaliento, ha destinado esas horas críticas para el país a observar atardeceres en el Parque de Doñana, ver volar a las grullas, darse chapuzones con sus hijas y comer gambas o ensalda con su esposa Sonsoles. Como escriben G. Sanz y J. González en ABC, contrasta el silencio oficial de las máximas autoridades en España con el frenesí de reuniones en otros países en medio del caos.