El otoño abre la puerta a uno de los rituales más populares de los bosques madrileños: cesta en mano y botas embarradas, los aficionados a la micología vuelven a recorrer la Sierra de Guadarrama en busca de boletus, níscalos y otras especies. Pero este año, como en anteriores, no todo el monte está abierto a la recolección ni basta con conocer los caminos. En buena parte del norte de la Comunidad de Madrid hay que llevar permiso y saber exactamente dónde y cuándo está autorizada la actividad.
Uno de los principales espacios regulados es el Coto Micológico La Pedriza-Hoyo de San Blas, que afecta a los términos municipales de Manzanares El Real y Soto del Real. Se trata de una de las zonas de referencia para los recolectores de la vertiente madrileña de la Sierra de Guadarrama y cuenta con un sistema de autorizaciones en función de la procedencia del recolector y del tipo de aprovechamiento.
Los permisos pueden solicitarse a través de los ayuntamientos correspondientes y son específicos para el coto. La autorización obtenida para una determinada zona no permite desplazarse después a otro municipio y continuar allí la recolección como si se tratara del mismo terreno. Cada espacio tiene sus propias condiciones y límites.
En el caso de los recolectores locales existen permisos de temporada para el aprovechamiento recreativo. También se contemplan autorizaciones para personas vinculadas al territorio y permisos diarios destinados a quienes acuden desde fuera. Estos últimos tienen una vigencia limitada a una sola jornada.
La cantidad de setas que puede recoger cada persona depende asimismo del tipo de autorización. Por ello, antes de salir al monte conviene comprobar no solo el precio del permiso, sino también su duración, el coto al que da acceso, las especies autorizadas y el límite máximo de recogida.

Limitaciones
Miraflores de la Sierra es otro de los enclaves donde la actividad está sometida a una regulación específica. La recolección se desarrolla en los Montes de Utilidad Pública 13 y 140 y requiere disponer del correspondiente permiso.
Aquí el calendario cobra especial importancia. Durante el otoño se establecen determinadas jornadas y franjas horarias en las que la recogida está prohibida. En octubre de 2026, por ejemplo, existen restricciones concretas los días 11, 12, 18 y 25, cuando la prohibición se mantiene hasta las 14.00 horas, mientras que el 16 de octubre se prolonga hasta las 16.00 horas.
La existencia de estas limitaciones hace especialmente recomendable consultar el calendario antes de emprender el viaje. Un permiso válido no significa necesariamente que la recogida pueda realizarse cualquier día y a cualquier hora.
Rascafría figura también entre los municipios del norte madrileño con regulación micológica. Los recolectores deben disponer de la autorización correspondiente y respetar las condiciones fijadas para cada modalidad. El municipio se encuentra además en el entorno del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, donde el aprovechamiento de los recursos micológicos está sometido a una normativa específica. Otro de los municipios que cuenta con regulación es Lozoya, donde también se establecen condiciones para la recogida. En todos estos casos, la recomendación para quien llegue desde fuera de la zona es la misma: comprobar previamente el monte concreto al que se pretende acceder y tramitar el permiso antes de comenzar la recolección.
Porque la regla que puede evitar más de un disgusto es sencilla: un permiso no sirve para toda la Sierra de Guadarrama. La autorización está vinculada al coto correspondiente y solo permite recoger setas en los terrenos incluidos en él y dentro de las condiciones establecidas.
La regulación no afecta únicamente a los permisos. También fija cantidades máximas y especies cuya recogida está autorizada. Entre las variedades más buscadas durante estas semanas se encuentran los níscalos y los boletus, pero los aficionados deben extremar las precauciones ante la posibilidad de confundir especies comestibles con otras tóxicas.
La recomendación es no recoger jamás una seta cuya identificación no sea completamente segura. En caso de duda, debe dejarse en el monte. La prudencia resulta especialmente importante cuando se trata de ejemplares jóvenes o de especies que pueden presentar un aspecto similar a otras potencialmente peligrosas.

La forma de recolección también importa
Las recomendaciones pasan por utilizar una cesta que permita la dispersión de las esporas y evitar prácticas que deterioren innecesariamente el suelo o el micelio, la estructura del hongo que permanece en el terreno.
Quienes salgan al monte deben llevar consigo el permiso y la documentación necesaria y respetar las indicaciones de los agentes forestales y de los responsables de vigilancia. Las autorizaciones permiten compatibilizar la afición por la micología con la conservación de unos ecosistemas sometidos durante el otoño a una elevada presión de visitantes.
Para quienes quieran salir este otoño en busca de setas por el norte de Madrid, el mapa de referencia pasa así por Manzanares El Real y Soto del Real, dentro del Coto Micológico La Pedriza-Hoyo de San Blas; Miraflores de la Sierra; Rascafría y Lozoya, además de otros terrenos donde la normativa establece condiciones específicas.
La clave, antes de llenar la cesta, es comprobar tres datos: qué monte está autorizado, qué permiso corresponde y qué día y horario permite la recolección. En la Sierra de Guadarrama, salir al bosque sin haber consultado esas condiciones puede convertir una jornada de micología en una infracción.
La temporada ya está en marcha. Las lluvias y la evolución de las temperaturas marcarán la aparición de las distintas especies, pero para los recolectores la primera búsqueda comienza antes de pisar el monte: localizar el coto, solicitar la autorización y consultar las condiciones de la jornada.