“Alcobendas no se cuida solo con grandes anuncios ni con fotos preparadas. Se cuida con presencia, con seguimiento y con capacidad para detectar los problemas antes de que se conviertan en una queja generalizada. Y eso es lo que hoy está fallando.
En distintas zonas de la ciudad, muchos vecinos y vecinas nos trasladan una sensación parecida: que tienen que insistir demasiado para que la alcaldesa del PP los escuche. Que los problemas se acumulan. Que las soluciones llegan tarde. Que se actúa cuando ya no queda más remedio, no cuando toca.
Lo vemos con la limpieza y la recogida de residuos. Si un punto de contenedores se satura de forma repetida, la respuesta no puede ser mirar hacia otro lado. Hay que revisar frecuencias, ubicación, número de cubos, horarios y necesidades reales de cada zona. No todos los barrios funcionan igual, ni todas las calles tienen el mismo uso, ni todas las urbanizaciones requieren la misma organización del servicio.
También lo hemos visto con la seguridad vial en zonas residenciales. Los resaltos en El Encinar y El Juncal eran necesarios, porque los vecinos llevaban tiempo reclamando medidas para reducir la velocidad y mejorar la convivencia en sus calles. Pero una medida correcta pierde parte de su valor cuando llega tarde, después de meses de reclamaciones y de una evidente falta de respuesta.
Ese es el verdadero problema: no se trata solo de si una actuación se hace o no se hace. Se trata de cómo se gobierna. De si hay planificación o improvisación. De si se escucha a tiempo o cuando el malestar ya es imposible de ignorar. De si el Ayuntamiento acompaña a los vecinos o les obliga a reclamar hasta el cansancio.
La alcaldesa del PP presume mucho de gestión, pero gestionar no es esperar a que los problemas estallen. Gestionar es pisar la calle, revisar los servicios, hablar con los vecinos, anticiparse y corregir. Gestionar es entender que una ciudad se sostiene en lo cotidiano: en la limpieza, en el mantenimiento, en la seguridad vial, en el cuidado de los espacios comunes.
Alcobendas necesita menos propaganda y más atención real al día a día. Menos titulares y más soluciones. Menos reacción tardía y más planificación.
Porque una ciudad bien gobernada se nota precisamente en eso: en que las cosas básicas funcionan sin que los vecinos tengan que estar detrás del Ayuntamiento para que cumpla con su obligación.”