Expertos sanitarios advierten de que la inhalación del humo puede provocar daños respiratorios, cardiovasculares y neurológicos, mientras que la pérdida de viviendas y el impacto emocional aumentan el riesgo de sufrir ansiedad y estrés postraumático.
Los incendios forestales que afectan cada verano a amplias zonas del país representan una amenaza que va mucho más allá de la destrucción del entorno natural. La exposición al humo y a los gases tóxicos liberados durante la combustión supone un importante riesgo para la salud, especialmente entre los colectivos más vulnerables. A ello se suma el impacto psicológico que sufren quienes ven peligrar sus hogares, sus medios de vida o incluso la seguridad de sus familias.
Especialistas en emergencias sanitarias alertan de que el humo generado por los incendios contiene monóxido y dióxido de carbono, además de partículas microscópicas y compuestos químicos potencialmente tóxicos. Estas sustancias pueden penetrar profundamente en el organismo y desencadenar una respuesta inflamatoria que afecta a distintos órganos.
Sintomas
Los primeros síntomas suelen aparecer en los ojos, con irritación, picor, lagrimeo y sensación de sequedad. También son frecuentes la inflamación de la garganta y la nariz, acompañadas de tos persistente y aumento de la mucosidad debido a la presencia de partículas en suspensión.
Las personas con enfermedades respiratorias previas, como el asma o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, presentan un mayor riesgo de sufrir crisis respiratorias, dificultad para respirar y sibilancias. En estos casos, la exposición prolongada al humo puede agravar notablemente su estado de salud.

La inhalación de monóxido de carbono constituye uno de los mayores peligros, ya que este gas reduce la capacidad de la sangre para transportar oxígeno. Como consecuencia pueden aparecer cefaleas intensas, mareos, debilidad e incluso alteraciones del estado de conciencia en los casos más graves.
Sistema cardiovascular
La falta de oxígeno también repercute sobre el sistema cardiovascular. El corazón debe trabajar con mayor intensidad para compensar esa carencia, lo que puede provocar taquicardias, dolor torácico, arritmias y aumentar el riesgo de infarto en pacientes con patologías cardíacas.
Los expertos subrayan que los efectos son especialmente importantes en personas mayores, niños, embarazadas y pacientes con enfermedades crónicas. Asimismo, diversos estudios apuntan a que las mujeres pueden presentar una mayor sensibilidad frente a la exposición prolongada al humo.
En los incendios urbanos el riesgo sanitario aumenta debido a la combustión de plásticos, muebles, pinturas y otros materiales sintéticos que liberan sustancias aún más tóxicas que las producidas por la vegetación. Sin embargo, las consecuencias no terminan cuando se extinguen las llamas. El impacto emocional derivado de las evacuaciones, la pérdida de viviendas o la incertidumbre puede dejar secuelas psicológicas duraderas. La ansiedad, el insomnio y el estrés postraumático son algunos de los trastornos que pueden aparecer tras vivir una situación de emergencia de estas características.

Los especialistas insisten en que la atención psicológica debe formar parte de la respuesta sanitaria, al mismo nivel que el tratamiento de las lesiones físicas, para favorecer una recuperación integral de las personas afectadas.
Recomendaciones
- Evitar permanecer en zonas con presencia de humo y seguir las indicaciones de las autoridades.
- Utilizar mascarillas con filtro FFP2 o N95 cuando exista contaminación por partículas.
- Mantener puertas y ventanas cerradas si el humo afecta a la vivienda.
- Proteger los ojos con lágrimas artificiales o suero fisiológico si aparece irritación.
- Beber abundante agua para mantener hidratadas las vías respiratorias.
- Evitar realizar ejercicio físico al aire libre mientras persista el humo.
- Las personas con enfermedades respiratorias o cardíacas deben seguir su tratamiento y consultar con un profesional sanitario ante cualquier empeoramiento.
- Solicitar apoyo psicológico si aparecen ansiedad intensa, insomnio, miedo persistente o síntomas compatibles con estrés postraumático.
- No encender fuego en zonas forestales ni arrojar colillas o residuos que puedan originar nuevos incendios.
- Ante síntomas graves como dificultad intensa para respirar, pérdida de conciencia o dolor fuerte en el pecho, llamar inmediatamente a los servicios de emergencias.