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Elecciones 4 de mayo

Cita trascendental con las urnas
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Cita trascendental con las urnas

El 4M, es algo más que una fecha, algo más que una marca política o electoral en el calendario

viernes 16 de abril de 2021, 12:22h
La cita electoral del calendario regional madrileño, hará eclosionar -o no- un fin de etapa política española… o la consolidará casi definitivamente -o sin el casi-.

Sin hipérbole de clase alguna, o se consolida el modelo de intervención que se antepone a sí mismo destruyendo el marco de concordia de 1978 y, lo que es peor, el propio sentido de España; o se rescata ésta a través de aquel. Cara o cruz. Cara, gana Sánchez, Iglesias, Otegui y los mismísimos secuaces de Puigdemont. Cruz, de la mano de Ayuso, una española normal, que hace lo normal, que defiende la libertad, que es más clara que grandilocuente, e indudablemente valiente… cruz, gana España como modelo de nación y patria de libertad. Gana, porque si no se hunde; gana porque podrá retornar a la senda del futuro. Es evidente que el 4M no estará todo hecho, está claro que no es la meta, no la panacea. Pero es un primer paso. Un primer paso que no te sitúa donde quieres, pero sí te saca de donde estás.

Sólo una cosa parece clara, la catarsis de Ciudadanos; esa amalgama política de indefinida composición que ha dilapidado la ilusión que, al menos en un sector notable de la población, llegó a generar hace tan sólo un par de años que ahora parecen muchos más por lejanos.
En política se puede aparentar casi todo, incluso la tenencia o carencia de principios y valores, pero no se puede permanecer en la indefinición oportunista; y jugar a ésta, de farol y sin cartas, parece que hará levantarse precipitadamente de la mesa al jugador.

Choque de modelos

España no va a la deriva, navega hacia el abismo. Sin el más mínimo sonrojo, el gobierno de Sánchez marcó hoja de ruta. Controlar la Fiscalía, intervenir el Consejo General del Poder Judicial, compra a medios de comunicación, no se legisla medidas para la pandemia (para hacer imprescindible el estado de alarma) y se cercena el control del Congreso que se silencia. Se decapita mandos en la Policía Nacional y en la Guardia Civil, despreciando las sentencias judiciales que condenan tal despótico actuar. Nadie dimite… porque siguen. Control, control, control… a costa de la libertad; incluso de la de educar en ella a nuestros hijos. Mano firme en el timón hacia el abismo.

Y cuando Sánchez mejor creía manejar los hilos, aparece Ayuso. Espontánea en el verbo que seduce por sus hechos y la claridad que rebosa en defensa de la libertad. Distinto modelo. Una joven líder regional que reta al todopoderoso Presidente Sánchez y sus socios, que blinda el modelo de libertad de educación para los próximos siete años. Que baja los impuestos y que impulsa la actividad, que apuesta por ella; que atrae a la inversión (el 75% de la de toda España), que genera empleo y que cierra 2020 con el mayor crecimiento económico de España, duplicando y cuadruplicando a los dos siguientes, País Vasco y Andalucía, en tanto que Cataluña lidera la recesión. Que apuesta por que se pueda trabajar más que por dar “paguitas” por cerrar empresas.

Aparece Ayuso a quien, desde su tribuna propia de la Comunidad de Madrid, Sánchez no puede silenciar… y prepara desde Murcia y Castilla León un castillo de naipes para acabar con ella sin contar con ella. Moncloa la minusvaloró, pero ella le puso el freno… firmó el decreto de convocatoria del 4M y le dio a elegir armas: tú gobiernas con quien lo haces; yo te reto el mando del timón a pesar de tus socios y estrategas.

Nos toca decidir

Nos toca decidir y los modelos son claros. O con o contra. No caben medias tintas. No indefiniciones estratégicas que manejen el voto ya emitido con la mejor, la peor o la intención a medias tintas. No importa. Aquí o allí, pero no en los dos sitios. Lo mejor de cada casa, mejor en cada casa. Y Ciudadanos, el de la ilusión del equilibrio aparece trastabillado en el mismo.

Con una elevada participación habrá mayor garantía de representación. Todo apunta a que la habrá, en torno al 70% (sólo alcanzado en 1995) y, desde ella, Ciudadanos podría desaparecer del panorama político regional como ya le pasara en Galicia hace 9 meses, o -si la participación no alcanzare tal nivel- pasar a ser un grupo residual como le ocurrió en Cataluña hace tan sólo dos meses.

Si quedan fuera, será inocuo (no seré yo el que diga inútil su voto). Si dentro, si alcanzase el poco probable 5% de los votos por la menor participación de votantes, en sus manos el equilibrio entre modelos… y la reciente Murcia, detonante de todo esto, los retrató con PSOE y Podemos.
Con las espadas en alto, toca decidir. Para ello, me permito una reflexión motivada. Según dictan las encuestas y la media de éstas a día de hoy, el Partido Popular se estima que obtendría entre 54 y 58 escaños, en tanto que Vox entre 12 y 15.

Situada la mayoría de gobierno en 69 diputados, está servida la balanza entre modelos. Más menos 3 ó 4 para cada bloque. ¿Qué lo decida Ciudadanos a la vista del resultado?... casi mejor que lo decidamos los madrileños directamente, que -sin dudar por supuesto de toda legítima decisión- no es cuestión menor dejar al albur de azares oportunos tan trascendente decisión.

Y, fijada la horquilla del modelo del PP que, según ellos mismos predican, Vox respalda aunque algo critique por cuestión de identidad, se impone, por necesidad, hacer una reflexión: como saben la Ley Orgánica de Régimen Electoral General establece la asignación de escaños de forma cuasiproporcional a través de la regla de D´Hondt; sistema de cocientes que premia de forma creciente a la opción más votada, de existir ésta de forma destacada.

Con un reparto de votos como el que refleja la actual Asamblea de Madrid elegida en 2019, la referida regla de asignación de escaños, no marcó diferencia apreciable respecto de la proporción de voto. No hubo una opción de preferencia destacada que pudiese ser acreedora de beneficio por los resultados “próximos” de las distintas candidaturas (Psoe 37, PP 30, C´s 26).

Sin embargo, ahora el panorama es diferente. La opción claramente preferida (PP) se sitúa en una horquilla que casi duplica a la segunda opción -Psoe- que se queda entre 30 y 35 diputados, lo que favorece a los populares en la obtención de sus últimos o adicionales diputados, que “se abaratan”.
Y, ¿cuál es la consecuencia de ello? Pues volviendo a las horquillas de PP y Vox, cada diputado adicional sobre 12 de los que pudiere obtener Vox, necesitaría de unos 24.000 votos. Sin embargo, cada diputado adicional a conseguir el PP sobre los 54 que indica su horquilla menor, precisaría de unos 18.000 votos; un 33% más caros los diputados adicionales de Vox que los del PP. (Considerando un censo de aproximadamente 4,8 millones de ciudadanos con derecho a voto y estimando una participación de entorno al 70%).

Si consideramos, por último, que la fuerza y capacidad de condicionar la política regional que Vox va a tener en la Asamblea va a ser la misma con 12, con 13 o con 15 diputados; no se debería perder el horizonte de que el modelo de libertad que lidera Ayuso se quedará en agua de borrajas si la suma de PP y Vox no alcanza los 69 diputados. Pues… lo dicho, toca decidir, toca asegurar.

Como dice el Libro de los Proverbios (14,13) en corazón prudente habita la sensatez, aún en medio de necios se da a conocer.

¿Y Alcobendas?

Tampoco es baladí para Alcobendas el momento. La traca prendida en Murcia viene ardiendo en nuestra ciudad desde el inicio de legislatura donde un Ciudadanos con cinco concejales, y que por apenas 60 votos arrebató el undécimo al PP, optó por gobiernar con el Psoe (9).
Un gobierno de izquierdas… a buen seguro con votos de centro derecha. Con tres de sus cinco ediles vecinos del Distrito Urbanizaciones donde les votaron casi 1.400 veces para “templar” al PP, no para dar el gobierno a la izquierda.

Veremos qué pasa el 4M. Según publica algún medio, los alcobendenses tiene clara la diferencia de modelos y, si a nivel regional los naranjas podrían estar entorno a un 4% de los votos, aquí les penaliza más la situación local y se podrían quedar por debajo del 2% de los votos.
Premio o castigo, parece que los vecinos que optaron por los que fueran de Albert Rivera revisarán ahora su voto. Acaso sus aún representantes de Alcobendas deberían, a la vista del resultado, revisar sus alianzas.

Por: Ramón Cubián

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