ACTUALIDAD

CARTA DEL PÁRROCO DE LA MORALEJA

Miércoles 04 de junio de 2014
En todas las sociedades existe lo que se llama mentalidad dominante. No es lo que piensa la mayoría. No es tampoco lo que es mejor. Es sencillamente lo que "hay que pensar". Si uno no piensa así se pone al margen, se convierte en un "offsider", en alguien que está fuera de juego. Es el miedo terrible, visceral, a desentonar. Y, de esta manera, se crea la necesidad de ver una película, de leer este libro, de mantener un tema de conversación…


Y qué difícil es, en ocasiones, sustraerse de esa corriente que arrastra. La mentalidad dominante se caracteriza precisamente por eso, por dominar, por imponer, sutilmente, bien es verdad, pero imponer al fin y al cabo, los criterios de los que no estamos convencidos y que terminan por amordazarnos. Uno acaba por sentirse incómodo al no pensar, decir, hacer, lo que piensan, hacen o dicen los otros. Es una especie de totalitarismo encubierto que nos va infectando por dentro, y que no se puede controlar. ¿Y quién impone tal mentalidad? Pues parece claro, los que dominan, los que tienen resortes de poder, los que han sabido convertirse en santones de la cultura y del pensamiento, o sencillamente de la política, esos grupos comunicativos de presión que se saben creadores de opinión, y ejercen de tales. Por ejemplo, en los años sesenta, con la guerra fría, el mayo francés, todo el mundo se veía atraído por ese dulce encanto que producía ser de izquierdas, ser marxista. Es preciso desterrar el miedo a nadar contra corriente. La peor de las mordazas es la que se impone uno a sí mismo en aras de no complicarse la vida. Trasladémoslo al cristianismo. Aceptar, sin más, la mentalidad dominante es hacer que el Evangelio se convierta en caricatura de sí mismo a costa de perder mordiente, por el prurito de no querer herir sensibilidades. ¿No herir? Pero si precisamente de eso se trata, que quedemos heridos por el amor de Dios. Si no estamos convencidos de que hay que quemar con el fuego de Dios, naturalmente que no tendremos problemas, pero haremos inútil en nosotros y en los demás la salvación que Cristo ha traído para todos. Ya es tontería por nuestra parte: tener un tesoro y no aprovecharlo.
¿Y la mentalidad dominante siempre es mala? Pues no, no tiene por qué serlo. Hemos de tener una mirada crítica para que no se nos escapen las cosas, y terminar haciendo lo que hace todo el mundo, con tal de no desentonar. Aunque nos cueste, hemos de saber teñir todo lo que hay a nuestro alrededor, con el toque de los hijos de Dios. Ese es nuestro papel: hacer que el ambiente tire para arriba, y todo mejore.
Alfonso Sánchez-Rey López de Pablo
Párroco de Nuestra Señora de La Moraleja

Noticias relacionadas