Cuando alguien nos pide que volvamos a confiar en él, lo normal es que nos explique qué ha hecho bien. En política, demasiadas veces se nos pide que tengamos miedo de los demás. Así, quien gobierna puede pasar más tiempo hablando de sus rivales que dando explicaciones sobre su propio trabajo.
“Después de varios años al frente del país, hay que explicar qué se ha mejorado y qué ha quedado pendiente. Los ciudadanos tenemos derecho a comparar lo que se prometió con lo que se ha cumplido.
En Alcobendas, quien tiene un negocio sabe que las cuentas tienen que cuadrar. Detrás de nuestros impuestos también hay muchas horas de trabajo. Podemos pedir a los políticos ese mismo cuidado con el dinero. Gastar bien y explicar en qué se gasta debería ser una obligación.
Queremos que quien trabaja y se esfuerza tenga posibilidades de mejorar su vida. Que se pueda ahorrar o montar un negocio con unas reglas claras. Y que se respete lo que cada persona ha conseguido con su trabajo.
También hay cosas básicas que debemos exigir siempre. Las leyes deben ser iguales para todos. Los jueces deben poder hacer su trabajo sin presiones de los partidos. Quien ocupa un cargo tiene que aceptar que hay reglas que también le afectan.
Rechazamos la política de bloques: esa forma de actuar en la que una propuesta se acepta o se rechaza según el partido que la presenta. Si una idea es buena para los ciudadanos, sus representantes deberían ser capaces de ponerse de acuerdo para sacarla adelante.
Por eso hay que recuperar los pactos de Estado. Grandes acuerdos entre los principales partidos para que asuntos como la seguridad del país o la independencia de los jueces tengan unas bases estables. Algunas decisiones deben durar más que un Gobierno.
Llegar a esos acuerdos exige hablar y ceder en algunas cosas. También explicar a los ciudadanos qué se ha acordado y cumplirlo después. Quien pide dirigir el país debería demostrar que sabe hacerlo, aunque tenga que compartir el mérito con otro partido.
Podemos defender nuestras ideas con respeto y exigir responsabilidades con firmeza. Es comprensible estar cansado de las discusiones políticas. Pero ese cansancio también puede servir para decidir qué estamos dispuestos a seguir aceptando.
El 29 de noviembre merece la pena ir a votar pensando en lo que hemos visto durante estos años y en lo que esperamos de los próximos. Nuestra confianza tiene valor. Quien la pide debe ganársela, y quien ya la tuvo debe explicar qué hizo con ella.”