La presencia de contaminantes no significa necesariamente que exista un riesgo elevado para la salud. La evaluación depende de factores como la concentración de las sustancias, su toxicidad, la duración de la exposición, la temperatura ambiental y el estado de conservación del pavimento. Por ello, es fundamental estudiar las emisiones y la exposición real de los usuarios.
Los niños constituyen un grupo especialmente vulnerable porque juegan cerca del suelo, mantienen las manos en contacto con distintas superficies y pueden llevárselas a la boca o ingerir pequeñas partículas accidentalmente. Además, durante la infancia se desarrollan sistemas biológicos sensibles a determinados productos químicos.
La exposición puede producirse por inhalación de partículas y compuestos volátiles, contacto directo con la piel e ingestión accidental de fragmentos de caucho. Entre las sustancias analizadas figuran zinc, plomo, cadmio, arsénico y antimonio, además de plastificantes, antioxidantes y otros aditivos empleados en la fabricación de neumáticos.
El zinc merece especial atención por su presencia habitual en los neumáticos y las concentraciones elevadas detectadas en algunas muestras de caucho granulado. Sin embargo, los límites legales deben interpretarse según el material, su uso y la normativa aplicable, ya que no existe un único valor de referencia válido para todos los pavimentos.
El envejecimiento del material, la radiación solar, la lluvia, la abrasión y los cambios de temperatura pueden favorecer la degradación y dispersión de partículas y sustancias contaminantes. Además, las superficies oscuras pueden alcanzar temperaturas muy elevadas durante los días calurosos, aumentando el riesgo de quemaduras por contacto. El calor también podría influir en las emisiones químicas, aunque se necesitan mediciones específicas.
Las evaluaciones de organismos estadounidenses, como la Agencia de Protección Ambiental (EPA) y la Oficina de Evaluación de Riesgos para la Salud Ambiental de California, han considerado bajo el riesgo de determinadas exposiciones en las condiciones estudiadas. Sin embargo, estas conclusiones no demuestran que todos los pavimentos sean inocuos, pues dependen de los materiales analizados y de los escenarios de exposición considerados.
Otra preocupación es el denominado "efecto cóctel", que se refiere a la exposición simultánea a múltiples sustancias químicas procedentes de distintas fuentes. Aunque constituye un campo relevante de investigación, no puede afirmarse que estas exposiciones combinadas produzcan necesariamente un daño concreto sin estudios específicos sobre las dosis, las mezclas y sus posibles efectos biológicos.
Desde el punto de vista ambiental, la degradación de los pavimentos puede liberar microplásticos y otros residuos. La lluvia también puede transportar determinados contaminantes hacia el suelo y las aguas próximas, aunque la magnitud de estos procesos depende de las características del material y de las condiciones ambientales.
Entre las alternativas al caucho reciclado destaca la fibra de madera diseñada para superficies de seguridad, conocida como EWF, que puede amortiguar caídas si se instala con el espesor adecuado y recibe el mantenimiento necesario. También se utilizan arena, grava y corcho, aunque presentan limitaciones de accesibilidad, conservación y protección frente a impactos.
La elección de un pavimento no debe basarse únicamente en que sea natural, sino en su capacidad para prevenir lesiones, cumplir las normas técnicas y garantizar la accesibilidad universal. Las superficies sueltas pueden dificultar el desplazamiento de sillas de ruedas, mientras que las continuas suelen facilitarlo. La accesibilidad de la fibra de madera depende de su compactación, instalación y mantenimiento.
En el ámbito normativo, el Reglamento europeo 2023/2055 establece restricciones para las micropartículas de polímeros sintéticos añadidas intencionadamente, incluido el granulado de caucho utilizado como relleno en césped artificial. Para este uso, la fecha de aplicación de la prohibición es el 17 de octubre de 2031. Esta medida no supone una prohibición general de todos los pavimentos de caucho reciclado.
Los ayuntamientos deben evaluar la antigüedad, el estado de conservación, la accesibilidad, los costes y las alternativas disponibles antes de decidir la sustitución de las instalaciones. Entre las medidas propuestas figuran priorizar los pavimentos deteriorados, inspeccionar las zonas de uso intensivo, controlar las temperaturas e informar a las familias sobre el estado de los espacios infantiles.
En conclusión, todavía es necesario ampliar las investigaciones sobre la exposición infantil, las emisiones a largo plazo y los efectos ambientales de estos materiales. La prioridad debe ser combinar la prevención de caídas con la protección de la salud y del medio ambiente, mediante inspecciones periódicas, mantenimiento adecuado, mediciones fiables y evaluación de alternativas seguras, duraderas, accesibles y sostenibles.