La protesta vecinal ha dado un nuevo paso durante el mes de agosto. La petición impulsada por residentes de La Carrascosa y La Moraleja acumulaba 1.068 firmas verificadas el pasado 25 de agosto, según los datos publicados en la propia plataforma de recogida de firmas.
El objetivo de los vecinos es claro: que las administraciones encuentren una alternativa a las torres de alta tensión que discurren junto a las zonas residenciales.
La movilización pone el foco especialmente en la nueva infraestructura vinculada al desarrollo urbanístico de La Solana de Valdebebas, situada en el término municipal de Madrid pero prácticamente pegada a viviendas pertenecientes a Alcobendas.
Para los residentes, el problema no es únicamente la presencia de la infraestructura, sino su proximidad al entorno residencial y el impacto que tiene sobre el paisaje de una zona que ha experimentado un importante crecimiento urbanístico en los últimos años.
El elemento que ha provocado la reacción vecinal es una torre de aproximadamente 47 metros de altura. Algunas viviendas de Camino de los Jardines se encuentran a unos 30 metros de la infraestructura, una distancia que los residentes consideran excesivamente próxima para una estructura de estas dimensiones.
La torre se encuentra al otro lado del límite municipal. Mientras la infraestructura está ubicada en Madrid, las viviendas más próximas pertenecen a Alcobendas. Esta situación ha añadido complejidad al conflicto, ya que los vecinos afectados residen en un municipio mientras la infraestructura se encuentra en otro.
El Ayuntamiento de Alcobendas ya ha asumido que la situación requiere estudiar alternativas. El Pleno municipal aprobó por unanimidad un acto declarativo para explorar opciones que permitan alejar las torres de las zonas residenciales o soterrar el tendido, siempre que las soluciones sean técnica y económicamente viables.
El Consistorio también ha planteado abrir conversaciones con las diferentes partes implicadas, entre ellas Red Eléctrica, el Ayuntamiento de Madrid y los promotores de La Solana de Valdebebas.
La alcaldesa de Alcobendas, Rocío García Alcántara, anunció además que se había producido una reunión entre las partes y que se había encargado un informe técnico para analizar las posibles soluciones.
La siguiente fecha importante se sitúa en mediados de septiembre. Es entonces cuando, según la información trasladada por el Ayuntamiento, se espera disponer de las conclusiones del estudio técnico sobre las posibles alternativas para modificar el trazado.
Ese informe será fundamental para determinar hasta qué punto es viable responder a la principal reclamación de los vecinos: que la infraestructura deje de estar tan próxima a las viviendas.
La solución no depende únicamente del Ayuntamiento de Alcobendas. La ubicación de la torre dentro del término municipal de Madrid y la participación de Red Eléctrica hacen necesario coordinar a varias administraciones y entidades.
Por eso, la negociación de las próximas semanas será tan importante como el propio informe.
Los residentes también han reclamado participar directamente en el proceso. El compromiso municipal contempla que representantes vecinales estén presentes en las futuras reuniones relacionadas con la infraestructura, una cuestión que los afectados consideran fundamental para conocer de primera mano las alternativas que se planteen.
La movilización pretende así evitar que el conflicto quede reducido a una discusión entre administraciones.
La recogida de firmas pretende servir como muestra del respaldo existente entre los residentes de la zona y como herramienta para reclamar una solución definitiva.
Más allá de la discusión administrativa, la aparición de la torre ha provocado un impacto inmediato sobre el paisaje de La Carrascosa. La zona ha vivido durante los últimos años una importante transformación residencial, con nuevas urbanizaciones y cientos de viviendas construidas junto al límite entre Alcobendas y Madrid.
La llegada de una infraestructura eléctrica de estas dimensiones ha cambiado las vistas de algunas de esas viviendas y ha generado un conflicto que inicialmente estaba vinculado al desarrollo de La Solana de Valdebebas y que ahora se ha convertido en una reivindicación vecinal propia.
La protesta ya ha trascendido el ámbito estrictamente urbanístico y se ha instalado en la agenda municipal.
Entre las preocupaciones expresadas por algunos residentes también aparece el posible impacto de los campos electromagnéticos. En este punto conviene diferenciar claramente entre la preocupación manifestada por los vecinos y la evidencia científica disponible. La proximidad de la infraestructura ha generado inquietud entre las familias, pero esa inquietud no constituye por sí misma una prueba de que la torre suponga un riesgo sanitario.
Precisamente por ello, cualquier valoración deberá apoyarse en mediciones y criterios técnicos y no únicamente en percepciones. El propio Ayuntamiento ha anunciado que estudiará las emisiones electromagnéticas de la instalación dentro del proceso de análisis de la situación.
La protesta de La Moraleja llega así a un momento decisivo. Los vecinos ya han conseguido superar el millar de firmas y el Ayuntamiento de Alcobendas ha asumido públicamente la necesidad de estudiar alternativas. Ahora falta conocer qué posibilidades reales existen para modificar el trazado y qué posición adoptarán el Ayuntamiento de Madrid, Red Eléctrica y el resto de actores implicados.
Si el informe técnico confirma que existe una alternativa viable, comenzará una nueva fase de negociación para determinar cómo y cuándo podría ejecutarse. Si, por el contrario, las opciones resultan inviables, los vecinos tendrán que decidir cuáles serán sus siguientes pasos.
Por ahora, una cosa está clara: la protesta ya no es una reclamación aislada. Más de un millar de firmas han convertido las torres de alta tensión en uno de los principales conflictos vecinales del final del verano en La Moraleja.