Valgrande, conocido anteriormente como Los Carriles, vuelve a situarse en el centro de la actualidad de Alcobendas después de que los propietarios hayan alcanzado un acuerdo unánime para desbloquear la reparcelación del ámbito.
El paso es relevante porque permite avanzar en la ordenación definitiva de uno de los mayores desarrollos urbanísticos previstos en el municipio.
El proyecto contempla la construcción de 8.600 viviendas, además de nuevos espacios públicos, zonas verdes, equipamientos y las infraestructuras necesarias para conectar el nuevo barrio con el resto de Alcobendas.
La previsión que manejan los promotores es completar durante 2026 los principales trabajos de planificación y tramitación urbanística para que las primeras obras puedan comenzar en 2027.
La dimensión de Valgrande explica la importancia que tiene este desarrollo para el futuro de Alcobendas.
La actuación contempla una inversión estimada de 2.300 millones de euros y la creación de miles de puestos de trabajo vinculados tanto a la construcción como a las nuevas actividades que se desarrollen en el ámbito.
Una parte importante de las viviendas tendrá algún tipo de protección pública. En concreto, el proyecto contempla que aproximadamente el 54% de las viviendas estén sujetas a algún régimen de protección, uno de los elementos que el Ayuntamiento considera fundamentales para ampliar la oferta residencial del municipio.
El desarrollo se convertirá así en uno de los principales focos de crecimiento residencial del norte de Madrid.
Valgrande no se plantea únicamente como una gran operación residencial.
El proyecto contempla alrededor de 600.000 metros cuadrados de zonas verdes y una franja natural de unos 200.000 metros cuadrados junto al monte de Valdelatas.
También está prevista la plantación de aproximadamente 6.700 árboles, dentro de las actuaciones destinadas a crear un nuevo entorno urbano con una importante presencia de espacios naturales.
Este aspecto será especialmente relevante para el entorno de La Moraleja y las urbanizaciones próximas, ya que el desarrollo se encuentra en una de las zonas de expansión natural de Alcobendas.
Uno de los elementos más importantes de la operación será la transformación de las comunicaciones.
Entre las actuaciones previstas se encuentra el soterramiento de la M-616, una infraestructura que actualmente condiciona la conexión entre distintas zonas del municipio.
La actuación pretende mejorar la integración urbana del nuevo desarrollo y facilitar las conexiones con las principales vías de comunicación.
Para los vecinos, uno de los grandes interrogantes será precisamente cómo evolucionará el tráfico cuando comiencen a levantarse miles de nuevas viviendas.
La llegada de 8.600 hogares supondrá un incremento significativo de los desplazamientos diarios y obligará a adaptar las infraestructuras viarias y de transporte.
Aunque Valgrande tendrá su propia identidad urbana, su desarrollo tendrá consecuencias sobre todo el entorno de Alcobendas.
La proximidad con La Moraleja, El Soto, El Encinar de los Reyes y otras urbanizaciones hace que la evolución del proyecto sea especialmente relevante para los residentes de estas zonas.
Más población significa también una mayor demanda de colegios, centros sanitarios, comercio, transporte, instalaciones deportivas y servicios municipales.
Por eso, una de las claves de los próximos años será comprobar si las infraestructuras avanzan al mismo ritmo que las viviendas.
El desbloqueo urbanístico no significa que todas las incertidumbres hayan desaparecido. El desarrollo continúa encontrándose con la oposición de organizaciones ecologistas, que han planteado acciones judiciales contra la operación.
Esta situación añade un nuevo elemento de incertidumbre a un proyecto que lleva años condicionado por su complejidad urbanística y por el debate sobre el crecimiento de Alcobendas.
La discusión enfrenta dos modelos: por un lado, quienes defienden la necesidad de construir nuevas viviendas y aumentar la oferta residencial; por otro, quienes consideran que el desarrollo tendrá un impacto excesivo sobre el entorno natural.
El calendario que se maneja actualmente sitúa 2026 como el año de avance definitivo de la planificación y 2027 como el posible inicio de las obras.
Si se cumplen las previsiones, Alcobendas comenzará entonces una de las mayores transformaciones urbanísticas de su historia reciente.
El impacto no se limitará a las nuevas viviendas. Valgrande implicará nuevas calles, zonas verdes, equipamientos, conexiones viarias y servicios.
Para La Moraleja y el resto de las urbanizaciones próximas, el reto será conseguir que ese crecimiento vaya acompañado de las infraestructuras necesarias para evitar una mayor presión sobre el tráfico y los servicios existentes.
Con 8.600 viviendas, 600.000 metros cuadrados de zonas verdes, miles de árboles y una inversión de 2.300 millones de euros, Valgrande se perfila como uno de los proyectos urbanísticos más importantes del norte de Madrid.
El acuerdo de los propietarios supone ahora un paso decisivo para que un proyecto que lleva años sobre la mesa pueda convertirse en una realidad.
La gran pregunta será qué ritmo adquieren las obras y, sobre todo, cómo se prepara Alcobendas para absorber el crecimiento de población que supondrá la llegada de miles de nuevos vecinos.
Para La Moraleja y las urbanizaciones del entorno, el desarrollo de Valgrande será uno de los asuntos urbanísticos que habrá que seguir de cerca durante los próximos años.