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Las “listas” reinan en San Isidro y se consolidan como la rosquilla favorita de los madrileños

San Isidro 2026

Las pastelerías tradicionales de Madrid confirman que las rosquillas “listas”, cubiertas con glaseado de limón y azúcar, son las más demandadas durante las fiestas de San Isidro, por delante de las clásicas “tontas”.

Redacción | Miércoles 13 de mayo de 2026
Las fiestas de San Isidro vuelven a llenar Madrid de chulapos, claveles y verbenas, pero también de uno de los símbolos gastronómicos más queridos de la capital: las rosquillas del santo. Entre todas las variedades tradicionales, las llamadas “listas” se han convertido en las preferidas de los madrileños, consolidando una tendencia que se repite año tras año en obradores y pastelerías de toda la ciudad.

Las rosquillas “listas” destacan por su característico baño de azúcar glas y limón, que aporta un sabor más dulce y aromático frente a las “tontas”, consideradas la receta original y más sencilla. Estas últimas carecen de cobertura y mantienen una textura más seca y un sabor anisado que remite a la repostería más tradicional de Madrid.

Según explican varios maestros pasteleros de la capital, las “listas” representan aproximadamente la mitad de las ventas durante las celebraciones de San Isidro. Muchos consumidores aseguran que su equilibrio entre dulzor y frescura las convierte en la opción ideal para acompañar el café o la clásica merienda de verbena.

La historia de estas rosquillas se remonta al siglo XIX y está ligada a la romería de San Isidro Labrador. Con el paso de los años, las recetas evolucionaron hasta dar lugar a cuatro variedades tradicionales: las “tontas”, las “listas”, las de Santa Clara —cubiertas de merengue blanco— y las francesas, elaboradas con almendra picada.

En las pastelerías madrileñas, la producción se multiplica durante la segunda semana de mayo. Algunos obradores artesanos elaboran miles de unidades diarias para atender la demanda de vecinos y turistas que buscan mantener viva una de las costumbres más arraigadas de la gastronomía castiza.

Aunque en los últimos años han surgido versiones modernas de chocolate, pistacho o crema, la mayoría de clientes sigue apostando por las recetas clásicas. “Las listas nunca fallan”, comentan muchos compradores mientras hacen cola en establecimientos históricos del centro de Madrid.

La popularidad de estas rosquillas también ha dado pie al tradicional juego de palabras madrileño: “En San Isidro, es mejor ser lista que tonta”. Una frase que cada primavera vuelve a escucharse en calles, mercados y praderas durante unas fiestas donde la repostería continúa siendo protagonista.

Con su sabor inconfundible y su fuerte vínculo con la identidad madrileña, las rosquillas “listas” mantienen intacto su reinado gastronómico y demuestran que, en Madrid, las tradiciones más dulces siguen muy vivas.

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