OPINIÓN

Vuelve la burra al trigo

Ignacio García de Vinuesa, exalcalde de Alcobendas

Ignacio García de Vinuesa

Martes 03 de marzo de 2026

Para intentar llegar a acuerdos, los partidos negocian y pactan. Y luego está Vox, que parece haber elevado el arte del ultimátum a categoría doctrinal.



Si el viejo refrán español advertía sobre la obstinación -“vuelve la burra al trigo”-, la política autonómica reciente ofrece un ejemplo práctico de manual. Seguro que Vox, tan rural, entiende mejor que nadie el dicho.

Vox repite con solemnidad que España está por encima de todo. La frase suena rotunda, casi épica. El problema llega cuando ese “todo” incluye hacer posible que gobierne el partido que ha ganado las elecciones dentro del mismo bloque ideológico. Entonces, el patriotismo declamado se convierte en una lista de condiciones innegociables, líneas rojas infinitas y advertencias públicas que convierten cualquier conversación en un campo minado.

En Extremadura y Aragón el guion se ha repetido con precisión casi matemática. El Partido Popular gana, una enorme diferencia con Vox, pero no alcanza la mayoría absoluta. Necesita apoyos. Vox tiene la llave. Y en lugar de usarla para abrir la puerta del cambio político que dice desear, la emplea para probar cuántas veces puede cerrarla dando un portazo. Consejerías sí o sí. Programas íntegros o nada. Aceptación total del argumentario propio o bloqueo. Negociar, al parecer, es rendirse.

La paradoja resulta difícil de ignorar. Se proclama que la prioridad es desalojar a la izquierda y transformar las políticas públicas, pero se adopta una estrategia que, en la práctica, dificulta precisamente ese objetivo. Como si el examen fuera demostrar pureza ideológica, no gobernar. Como si el titular contundente importara más que el acuerdo eficaz.

Conviene recordar una obviedad: en un sistema parlamentario, quien no tiene mayoría absoluta necesita pactar. Pactar implica ceder. Y ceder no es traicionar principios; es aceptar la aritmética democrática. Y ceder es lo que está dispuesto a hacer el PP. Pero cuando una fuerza con menos escaños pretende imponer su programa íntegro al partido más votado, no está defendiendo coherencia: está ignorando la proporcionalidad que emana de las urnas.

Lo irónico es que esta rigidez no castiga al PP tanto como a los ciudadanos. Cada semana de bloqueo retrasa presupuestos, reformas y decisiones urgentes. Cada órdago eleva la incertidumbre institucional. Y mientras tanto, se insiste en que todo se hace “por España”. Quizá convendría precisar: ¿por España o por la defensa del perfil propio a cualquier precio? La política no es un concurso de firmeza retórica. Es el arte imperfecto de gestionar realidades complejas. Si Vox aspira a ser determinante, debe decidir si quiere ser llave o candado.

Porque volver una y otra vez al trigo puede servir para demostrar testarudez, pero no para construir gobiernos estables. Y la épica, cuando impide gobernar, acaba pareciéndose demasiado a la irresponsabilidad."

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